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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 634

Las pestañas de Celia se agitaron como alas de mariposa.

—¿Y qué debería hacer para contentarte?

César emitió un sonido ronco de risa de la garganta con un matiz peligroso.

—¿Lo haces a propósito?

Ella fingió inocencia.

—¿Yo? ¿A qué te refieres?

Él le acarició la comisura de los labios con la yema del pulgar.

—Sabes muy bien que me cuesta horrores contenerme.

Celia levantó las manos, le rodeó el cuello y se acercó a su oído para susurrarle:

—Ah… ¿así que te estabas conteniendo? Pensaba que simplemente no podías…

No pudo terminar la frase. Él la acalló con un beso arrollador. A diferencia del tanteo de ella, el de él fue intenso y posesivo, hasta que Celia perdió el control de su respiración y sus dedos se aferraron con fuerza a la camisa de él.

Sin romper el contacto, César la levantó en brazos y la llevó al dormitorio. El colchón se hundió bajo el peso de ambos. Mientras se desabrochaba la camisa con un gesto cargado de provocación, él la miró fijamente.

—¿Que no puedo? Ya veremos.

Celia guardó silencio, mirándolo también.

Las cortinas automáticas se cerraron lentamente, sumiendo la habitación en una penumbra cálida y húmeda, ajena al resto del mundo.

Mucho tiempo después, el cabello desordenado de ella se enredaba en los fornidos brazos de él. Celia parecía fundirse contra él en un cansancio placentero. César, saciado, la abrazó por detrás hundiendo la cabeza en su cuello.

Ella se giró para encararlo.

—Viste las fotos que subió Yael. ¿Por qué no me llamaste para pedirme explicaciones?

César dudó un instante antes de responder con voz ronca:

—Estaba experimentando.

—¿Experimentando qué? —Ella no entendía.

Él la miró con un fingido resentimiento.

—Experimentando lo que tú sentías cuando yo te dejaba de lado.

Celia quedó atónita. Medio segundo después, se rio.

—¿Y qué tal la experiencia?

Ella volvió en sí de sus pensamientos y forzó una sonrisa incómoda.

—Ayer fui de acampada con Celia.

En cuanto lo dijo, quiso que la tierra se la tragara. Su cerebro no podía seguirle el ritmo a su lengua…

—Ah —respondió él—. ¿Y?

—Pues… nada, solo quería decírtelo. —Temiendo parecer demasiado obvia, añadió atropelladamente—: ¡No es por nada en especial! Solo quería decírtelo. ¡No te vayas a hacer ideas raras!

—¿Segura que es todo?

—Sí, nada más. Sigue con lo tuyo.

Lía salió de la oficina casi corriendo. Al llegar a su mesa, se dejó caer como un globo desinflado, avergonzada por su comportamiento patético. Con cualquier otro hombre, ella habría tomado la iniciativa sin pestañear, pero con Nicolás... con él se sentía desarmada.

***

Al atardecer, Celia llevó a César a Colina Serena para cenar con Enzo y Ben. César estaba al tanto de lo ocurrido con Ferlín, pero durante la cena mantuvo una discreción respetuosa.

Enzo dejó los palillos sobre la mesa con un suspiro grave.

—Celia, el juicio de tu abuelo no será hasta el mes que viene. Me temo que la celebración de su compromiso tendrá que aplazarse de nuevo.

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