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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 635

La expresión de David se ensombreció al instante.

—¿Qué haces tú aquí?

La aparición de Nicole no auguraba nada bueno. David fulminó con la mirada a su asistente.

—Ya te dije que no quería ver a nadie.

El mensaje era claro. Él debía encargarse de despacharla. El asistente, sin otra opción, intentó detener a Nicole con evidente desgana.

—Señorita, lo siento, pero el presidente tiene la agenda llena hoy.

David, hundido en el sofá, dejó claro con su postura que no pensaba recibirla. Nicole bajó la mirada y mostró una leve sonrisa profesional.

—Señor, he venido a verlo por un asunto urgente relacionado con su esposa.

David se sorprendió, pero guardó silencio. Nicole apartó suavemente al asistente y se acercó a él.

—Ella ha estado en Ficus estos días.

—¿Qué dices? —David levantó la cabeza de golpe.

Obviamente, no tenía ni idea. De inmediato, la duda brotó en su interior: ¿qué demonios hacía ella allá en Ficus?

—Se enteró de que el señor César sigue vivo y se encuentra en Ficus, así que fue a buscarlo por su cuenta. Si no me cree, puede solicitar el registro de los vuelos de hace quince días.

La expresión de David se tensó. Sus manos se cerraron en puños por instinto. La información era irrefutable, porque el registro de los vuelos no lo engañaría. Tras un momento, replicó con tono cortante:

—Aunque haya ido a Ficus, ¿qué ganas tú contándome esto?

Nicole López sacó un documento de su carpeta y lo dejó sobre la mesa de centro con parsimonia.

—¿Por qué no lo comprueba usted mismo?

David lo tomó y lo abrió. Al leer las palabras "separación de la herencia", entrecerró los ojos. Su semblante cambió por completo al ver la firma al pie del documento: era la letra manuscrita de Macarena, aceptando los términos.

—¡No me vengas con tonterías! —David arrojó los papeles sobre la mesa y se levantó de un salto—. ¡Ni siquiera su padre se atrevió a pedir algo así! ¡Qué arrogancia la de ese César Herrera! Por decirlo de forma elegante, lo llama "separación", pero en crudo, ¡lo que quiere es expulsarnos de los Herrera!

Nicole mantuvo su máscara profesional.

—El señor César Herrera es mi jefe y yo solo cumplo con mi deber. Él regresará pronto, así que firme este acuerdo, por favor.

David la miró con una actitud desafiante.

—¿Y si no lo hago?

—Si no lo hace, mi jefe no tendrá más remedio que actuar de oficio. Entonces, el asunto del envenamiento de la anciana se sumará a la cuenta de deudas pendientes.

La respiración de David se detuvo. Palideció.

—Ya le he dicho todo lo necesario —concluyó Nicole. —Señor, es una persona razonable. Usted decide si prefiere vivir en paz o pasar el resto de sus días amargado.

La mirada de David volvió a fijarse en el documento. El aire acondicionado hacía vibrar ligeramente los bordes del papel, igual que su propio estado de ánimo. Cerró los ojos y, al abrirlos, solo quedaba una grisura apagada en su mirada.

Al final, tomó el bolígrafo y firmó.

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