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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 638

Por la tarde, el auto de César ya esperaba frente a la entrada principal del instituto con mucha anticipación. Envió un mensaje de texto, guardó el celular y dirigió su mirada a través de la ventanilla. Aún no aparecía Celia, pero sí divisó a Nicolás.

Estaba a punto de bajar cuando vio a una joven alcanzar a Nicolás con emoción. Al fijarse bien, entrecerró los ojos. Parecía que le tocaba presenciar los enredos amorosos de una de sus familiares...

—Señor, es la señorita Lía, ¿no? —preguntó el chofer, volviéndose hacia atrás.

César retiró la mirada y, con cierta resignación, se frotó el puente de la nariz. Él había enviado a Lía a Ficus para que estorbara entre Nicolás y Celia, pero nunca imaginó que la misión terminaría con ella buscando pareja...

Lía no se había percatado de la presencia de César. Estaba demasiado concentrada en su charla con Nicolás, hasta que este se detuvo y clavó la mirada al frente. Curiosa, ella también se volvió.

César bajó del vehículo sin ninguna prisa. Lía, tras unos segundos de estupor, iba a fingir no haberlo visto, pero Nicolás habló primero:

—Así que, ya no se esconde tras una máscara.

César sonrió con parsimonia.

—Dado que mi identidad ya es de dominio público, no tiene sentido seguir ocultándola.

—Fingió su muerte para engañar a todos y luego se refugió en Ficus como hijo adoptivo de los Zamora. Visto ahora, era el plan perfecto —comentó Nicolás.

—Vaya, ¿escuché un elogio del señor Gómez?

Ambos se enfrentaron, sus presencias eran igualmente imponentes. El aire a su alrededor parecía espesarse debido a una tensión silenciosa. Lía, atrapada en medio, miraba a uno y al otro sin saber a quién intentar calmar primero.

Cuando Celia salió, se topó de frente con la escena. Se sintió desconcertada por un instante y luego miró a Lía. Esta, al verla, sintió que encontraba un salvavidas y le gritó:

—¡Celi!

Corrió hacia ella, se refugió a su lado y le susurró:

—Haz algo con César...

Celia, resignada, se acercó a los dos hombres.

—Por cómo se miran, parece que están a punto de irse a los golpes.

César sonrió y, con una expresión mucho más suave, le respondió:

—Claro que no. Soy un ciudadano ejemplar.

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