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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 686

—Señor Herrera… ¿me recuerda? —Alicia se detuvo junto a César, esforzándose por mostrar la sonrisa más hermosa de la que era capaz.

La mirada de César se posó fugazmente en el vestido que ella llevaba. Sus ojos se oscurecieron por un instante, pero el gesto desapareció de inmediato. Luego, asintió y le sonrió.

—Sí, te recuerdo. Eres la que se puso en contacto con mi secretaria, ¿verdad?

Alicia asintió con la cabeza.

—No pensé que se acordaría de mí.

—¿Así que el señor Herrera ya la conocía? —Alfredo intervino, acercándose con segundas intenciones—. Y yo pensaba que era la primera vez que se veían.

Tanto Zack como David clavaron la mirada en César. Este esbozó una sonrisa sutil y le contestó con una frase con doble sentido:

—El otro día, en el estacionamiento, casi la confundo con mi esposa.

Luego, desvió la mirada hacia Alicia.

—Señorita, ¿usted también conoce al señor Suárez?

Alicia se puso visiblemente nerviosa. Justo cuando se disponía a explicar, Alfredo se le adelantó.

—La he visto en un par de ocasiones, pero no nos conocemos a fondo. Lo que sí es innegable es el gran parecido que tiene con su esposa. No me extraña que la haya confundido. De hecho, ese día yo también me sorprendí mucho.

—Ya basta de charlas absurdas. —Zack los interrumpió, algo molesto. Le lanzó una mirada fulminante a su nieto, que llevaba implícita una dura advertencia. Le parecía una completa desfachatez que su nieto estuviera suspirando por la esposa de otro hombre. Luego, dirigió una mirada glacial hacia Alicia, advirtiéndole que no tuviera ningún pensamiento indebido aparte de la tarea que le habían dado.

—Ibas a brindar con el señor Herrera, ¿no? —le recordó.

Alicia se apresuró a levantar su copa frente a César. Como la suya estaba vacía, el mismo mesero de antes se acercó para servirle. César observó con atención cómo ella bebía primero y, cuando tenía algo confirmado, le dio un trago a su propia copa.

Al percatarse de ese detalle, Macarena esbozó una fría sonrisa de satisfacción.

***

A la mañana siguiente, Celia todavía no se había despertado cuando el sonido de su celular interrumpió su descanso. Estaba tan adormilada que simplemente colgó la llamada sin molestarse en mirar la pantalla. Sin embargo, el celular no dejaba de sonar. Con fastidio, se dio la vuelta, tomó el celular y contestó de mala gana:

—¿Bueno?

—¿Qué demonios le pasa a César?

Al reconocer la voz, Celia abrió los ojos de golpe y se incorporó en la cama.

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