Entrar Via

Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 694

Unos días después, el equipo de abogados de Macarena actuó con una rapidez pasmosa. Consiguieron desvincularla de todo lo relacionado con Julián e incluso presentaron una serie de "pruebas" contundentes ante el juez.

Julián seguía insistiendo desesperadamente que Macarena había sido la autora intelectual y que lo había instigado a cometer el delito, y hasta llevó al gerente de su empresa a declarar a la comisaría. Sin embargo, jamás imaginó que el nombre de Macarena no apareciera ni una vez en la declaración oficial de dicho gerente.

Fue en ese preciso instante cuando Julián, por fin, comprendió en carne propia lo que significaba ser acusado injustamente. Ahora se encontraba en una posición donde nadie lo escuchaba o estaba dispuesto a testificar a tu favor.

Por la mañana, Carlos se reincorporó a la empresa. En cuanto cruzó el pasillo, sus compañeros de oficina comenzaron a cuchichear a sus espaldas.

—¿Qué fue lo que pasó entre él y Julián?

—Ay, Julián lo traicionó de la peor manera. Resulta que ese infeliz era una fichita.

—Seguro todo el problema fue porque a Silvia le gusta Carlos y a Julián le sentó muy mal el rechazo. Si no, no habría sido tan despiadado con su propio amigo.

Varios de los presentes negaron con la cabeza en un gesto de desaprobación. Ahora que la opinión pública en internet se había revertido a favor de Carlos, todos cargaban sus críticas contra Julián.

Carlos llevaba apenas unos minutos sentado en su cubículo cuando Silvia se aproximó a él.

—¡Carlos! —Ella depositó una pequeña bolsa de dulces sobre su escritorio—. Siempre supe que eras inocente. Me da muchísimo gusto que estés de vuelta.

Carlos la miró por un instante, un tanto desconcertado.

—Ah, muchas gracias. ¿Cuánto te debo por esto?

Y de inmediato, sacó su celular.

Silvia se quedó muda unos segundos, sin saber qué responder ante semejante reacción. Luego, mostró una mueca de profundo fastidio.

—Te lo estoy regalando, no quiero tu dinero.

"Vaya pedazo de leño", pensó ella con frustración. Le llevaba dulces con la mejor de las intenciones y el muy distraído no captaba la indirecta en lo absoluto.

Carlos esbozó una sonrisa un tanto incómoda.

—Bueno… de verdad te lo agradezco. Pero la verdad es que no me gusta aceptar regalos sin dar algo a cambio. Otro día te invito el almuerzo.

—Como digas, ¡ya veremos! —refunfuñó Silvia antes de darse la vuelta e irse hecha una furia hacia su lugar.

Una compañera que se encontraba en el escritorio contiguo se inclinó hacia él y le siseó en voz baja:

—Carlos, de verdad que eres demasiado cuadrado. ¿Acaso no te has dado cuenta de los sentimientos que tiene Silvia por ti? Es como echarle margaritas a los cerdos, de verdad.

Carlos prefirió guardar silencio y se limitó a teclear en su computadora. A él simplemente no le gustaba Silvia. Acaso por el simple hecho de que una muchacha sintiera algo por él, ¿estaba obligado a corresponderle de la misma manera?

***

Mientras tanto, Lía le presentó a Celia a una abogada sumamente reconocida y de gran prestigio en el sector. Las tres se reunieron en una cafetería para discutir los pormenores del caso de Julián.

—¿Quieres que te preste a un par de mis guardaespaldas para que te cuiden?

Celia soltó una ligera carcajada.

—No es necesario, con Tomás a mi lado es más que suficiente. Si comienzo a traer a más gente para cuidarme, solo voy a lograr que los demás se den cuenta de que estoy ocultado algo.

Tras una breve pausa, Celia inquirió con naturalidad:

—Y dime, ¿qué ha sido de Nicolás? Últimamente no lo he visto merodear por ningún lado.

Al escuchar la mención de Nicolás, Lía se tensó por completo en un milisegundo. Bajó la mirada y apretó el popote de plástico entre sus dedos con evidente frustración.

—Supongo que debe estar metido en su casa.

Celia la observó con detenimiento, analizando su lenguaje corporal.

—¿Pasó algo malo entre ustedes?

—¿Qué tendría que pasar? No pasa absolutamente nada. Todo está perfectamente normal —respondió Lía, murmurando.

Sin embargo, su tono venía cargado de un inocultable dejo de resignación, y la profunda tristeza que brilló en sus ojos no pasó desapercibida para Celia. A pesar de notar su incomodidad, prefirió no presionarla con más preguntas y se limitó a mostrar una sonrisa comprensiva.

El asunto entre Lía y Nicolás era algo en lo que terceras personas no debían entrometerse. Aunque consideraba que ambos hacían una pareja excelente, sabía a la perfección que, si forzaba las cosas, el resultado no traería felicidad para ninguno de los dos. El tiempo terminaría por acomodar todo.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró