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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 718

Al día siguiente, Nicole entró en la oficina de César con su café y unos documentos para entregarle en la mano, pero en esa mañana había algo distinto: César había llegado temprano. Cuando lo vio revisando unos expedientes, se sintió un poco desconcertada. Instintivamente, escondió el café detrás de su espalda. Normalmente llegaba a las diez de la mañana, ¡pero apenas eran las ocho!

César firmó rápidamente los documentos, cerró el expediente y le dijo:

—Salgo a las nueve. Te dejo el resto de mi trabajo por la mañana a ti.

Nicole no entendió.

—Pero tiene una reunión con Zack por la tarde, ¿no?

—No voy a salir con él —dijo César, enroscando la tapa del bolígrafo. En su mirada se adivinaba una leve alegría—. Voy a verme con Celia.

—Está bien… —dijo Nicole, sin saber qué añadir.

Por eso se había levantado tan temprano… ¡Iba a tener una cita! Pero, ¿por qué Celia lo había citado estando divorciados? En su memoria, ella no era el tipo de persona que daba el primer paso. Sin embargo, como empleada, sabía que era mejor que no se metiera en los asuntos personales de su jefe.

A las nueve en punto, César fue a buscar a Celia a su casa. El auto se detuvo y al poco rato apareció; Celia estaba especialmente hermosa. Usaba un abrigo largo de paño azul marino, ceñido con un cinturón; debajo, un suéter de cuello alto de terciopelo color crema y botas altas de piel. El pelo, largo y ondulado, le caía sobre los hombros. Llevaba un maquillaje suave y todo en ella irradiaba luminosidad.

Él ya sabía que ella era hermosa desde hacía muchísimo… Aun así, su belleza le dio una gran sorpresa.

César bajó del auto y Celia fue a su encuentro. Había nevado demasiado y el suelo estaba resbaladizo, casi se cae. César, instintivamente, la sujetó. El viento le despeinó el cabello que le había costado mucho arreglar, y ella se lo alisó.

—¡Se me volvió a despeinar! —murmuró, quejumbrosa.

—No —repuso él, apartándole el pelo de la oreja—. Estás hermosa.

La miró fijamente. Al pasarle el dedo por la oreja, sintió el frío, y el contacto le provocó a ella un ligero escalofrío. Incapaz de soportar tal intensidad, lo instó:

—Vámonos ya.

Capítulo 718 1

Capítulo 718 2

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