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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 719

César volvió en sí y miró a Celia. Ella estaba muy concentrada escribiendo algo en una tablilla.

—Joven, ¿también quiere pedir un deseo? Tres dólares por una tablilla. Usaremos el dinero para hacer obras de caridad, yo no gano nada. ¡Le atraerá buena suerte! —dijo la mujer del puesto, ofreciendo las tablillas con entusiasmo.

César respondió con un asentimiento y pagó la tablilla.

—Junto con la de ella.

La mujer le tendió una tablilla. César escribió unas palabras con su propio bolígrafo y, con toda naturalidad, la ató a una rama del árbol. Todo le tomó apenas unos minutos, por lo que Celia ni siquiera se dio cuenta. Cuando él se acercó, ella tapó su tablilla con las manos de inmediato.

—¡No puedes mirar!

—¿Por qué?

—Dicen que, si alguien la ve, el deseo no se cumple.

César guardó silencio unos segundos. Luego dijo con seriedad:

—Las que están colgadas en el árbol también las ve la gente. ¿Esas tampoco se cumplen?

Celia quedó sin palabras… Parecía que tenía razón y no podía contradecirlo. Al verla arrugar el entrecejo, César rio y se dio la vuelta.

—Está bien. No miro.

Celia ató su tablilla al árbol. El viento las golpeaba, produciendo un suave tintineo. Volvió junto a César y se le acercó con curiosidad.

—¿Tú no escribiste ninguna?

—Sí, lo hice.

Celia quedó desconcertada.

—¿Cuándo lo hiciste?

Él levantó la barbilla para señalar el árbol. Cuando ella fue a mirar, él le tapó los ojos con una mano.

—Tú lo dijiste. Si alguien la ve, no se cumple.

—¿Qué escribiste? —preguntó ella, insistente.

Capítulo 719 1

Capítulo 719 2

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