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De día mi Jefe cruel, de noche mi Esposo dulce romance Capítulo 211

La situación dio un giro radical.

Las acciones de Innovación, que estaban por los suelos, se dispararon de repente, subiendo como la espuma. Por el contrario, las acciones del Grupo Polaris se desplomaron hasta el límite.

Claudia y Emilio ya estaban preparados. Demandaron a Benjamín de inmediato.

Al final, la policía se llevó a Benjamín. Todo salió según lo planeado. Benjamín se declaró culpable. Debido a la acumulación de delitos, fue sentenciado a doce años de prisión.

El juicio fue público.

Claudia estaba sentada en el lugar de la parte acusadora. Cuando el juez golpeó el mazo y leyó la sentencia, las lágrimas de Claudia brotaron de golpe.

«Papá, mamá, su muerte ha sido vengada».

Ese mismo día, Claudia fue al cementerio a visitar a sus padres. Se arrodilló frente a la tumba.

—Papá, mamá, por fin pueden descansar en paz —murmuró—. Y hay otra cosa… Emilio y yo estamos juntos de nuevo.

Claudia no sabía si esa decisión era la correcta. No había perdonado del todo sus engaños y secretos, pero ya no quería vivir con rencor. Probablemente, Emilio era la única persona en este mundo que valoraba la vida de ella más que la suya propia. Y ella tampoco podía engañarse a sí misma: todavía lo amaba.

La vida dura apenas unas décadas. Claudia no quería perderse el presente por vivir resentida. Amarse mutuamente ya era un lujo en este mundo.

Durante esos días, Luis también estaba muy feliz. Se acercaba la celebración del centenario del Grupo Salazar.

Ya no había suspenso sobre quién se quedaría con las acciones. Mariana estaba de muy buen humor; incluso empezó a aceptar invitaciones de otras señoras de la alta sociedad para asistir a fiestas. La caída de Benjamín le había permitido sacar todo el coraje que traía atorado.

Claro que, la mayor parte del tiempo, estaba buscando a Patricio y a Liliana. A todos les parecía muy extraño que ni Patricio Salazar ni Liliana se hubieran presentado el día del juicio.

Esa noche, Claudia vio por primera vez a la mujer llamada Liliana. Era muy diferente a como se la imaginaba. Se veía muy sencilla. Llevaba ropa común y corriente, sin rastro de joyas ni lujos. Ni siquiera llevaba maquillaje; tenía la cara lavada y las arrugas propias de la edad, envejeciendo con naturalidad.

Comparada con Mariana, Liliana parecía al menos diez años más joven, pero era una de esas personas que pasarían desapercibidas en una multitud. Sin embargo, esa mujer era el amor de la vida de Patricio. La mujer por la que él había estado dispuesto a abandonar a su esposa e hijos.

Claudia no lograba ver qué tenía de especial, salvo quizás sus ojos. En todo momento se mantenían serenos, con una calma que parecía ajena a este mundo.

Por ejemplo, cuando el médico le pidió que firmara la notificación de estado crítico, ella no entró en pánico; firmó en silencio, sin hacer ni una sola pregunta. De pie fuera de la sala de urgencias, se mantenía tranquila, sin mostrar ninguna otra emoción.

Al final, lograron estabilizar a Patricio. Esta vez, fue Liliana quien avisó a Emilio y a Gabriela.

Lo curioso fue que a Claudia le pareció que Gabriela y Emilio trataban a Liliana con bastante cortesía. Incluso se referían a ella como «señora Mendoza».

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