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De día mi Jefe cruel, de noche mi Esposo dulce romance Capítulo 231

La luz del atardecer se filtraba a través de la ventana de la habitación del hospital.

Bañaba el rostro pálido de Luis con un halo dorado.

Sus largas pestañas temblaron levemente y, poco a poco, abrió los ojos.

—¡Luis despertó! —exclamó Claudia en voz baja, quien había estado montando guardia junto a la cama.

Soltó un suspiro, como si por fin pudiera liberar el aire que había estado conteniendo.

Emilio también se levantó de la silla de un salto.

—Luis, ¿cómo te sientes? De verdad nos diste un susto de muerte.

Luis parpadeó, tardando unos segundos en procesar que acababa de regresar del borde del abismo.

—Papá —dijo—, acabo de tener un sueño. Soñé que mi cuerpo flotaba en el aire. Los llamaba a gritos, pero ninguno de los dos me escuchaba.

»Luego vi un haz de luz. Parecía haber gente adentro saludándome, diciéndome que eso era el cielo, el lugar más hermoso que existe.

—Iba a ir hacia allá —continuó Luis—, pero escuché que gritaban mi nombre. Escuché el llanto de mamá, por eso regresé.

Claudia se mordió el labio para contener las lágrimas.

Le sostuvo la mano a Luis, temblando visiblemente.

—Luis, gracias por volver.

De repente, Claudia pareció recordar algo importante.

—Luis, te tengo una buena noticia. El doctor Castillo va a regresar. Pronto te podrán operar y te pondrás bien.

Bruno apareció en el hospital tres días después.

Revisó todo el historial clínico de Luis.

Y, finalmente, accedió a realizar la cirugía.

La operación se programó para tres días más tarde.

Claudia buscó a Bruno para hablar a solas.

—Doctor Castillo, ¿es verdad que la tasa de éxito es de una en diez mil?

La voz de Bruno sonó indiferente:

—No existe un caso idéntico a este en todo el mundo. Así que, para ustedes, no existen probabilidades de una en diez mil. O es el cien por ciento, o es cero.

Emilio, que estaba a su lado, abrazó a Claudia por los hombros.

—Tranquila, todo va a salir bien.

Bruno expuso los hechos con frialdad:

—No sean tan optimistas. Deben estar preparados mentalmente para lo peor.

La franqueza brutal de Bruno dejó a Claudia con el corazón oprimido.

Cuando Claudia regresó a la habitación, Javier estaba charlando con Luis.

—Luis, ¿tienes algún deseo que quieras cumplir?

Luis lo pensó un momento.

—Tengo tres deseos.

—¿Cuáles son?

—El primero es ir a ver a mi bisabuela.

Todos lo discutieron brevemente.

Decidieron que, en esos tres días previos a la cirugía, ayudarían a Luis a cumplir todos sus deseos.

Esa misma tarde, Emilio y Claudia llevaron a Luis al Sanatorio San Rafael.

La señora Zulema padecía Alzheimer.

Su condición ya era muy grave.

Especialmente después de la muerte de Patricio, rara vez tenía momentos de lucidez.

Sin embargo, al ver a Luis, los ojos de la señora Zulema se iluminaron.

—Emilio, ¿viniste a ver a la abuela?

—Bisabuela, no soy mi papá —dijo Luis.

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