Sin embargo, Emilio le dedicó una sonrisa tenue.
—No me tengas lástima. Ya los tengo a ti y a Luis. Ya tengo un hogar.
Claudia sintió un nudo en la garganta y recargó la cabeza en el hombro de Emilio. Sí, ya tenían un hogar. Todas las dificultades habían quedado atrás.
En marzo, Patricio falleció repentinamente.
En realidad, era algo que todos esperaban. Últimamente, llegaban noticias constantes del hospital. Patricio había entrado en estado crítico dos veces más; se decía que ambas ocasiones ocurrieron después de que Mariana fuera al hospital a hacer un escándalo.
El día que Patricio murió, Mariana también había ido al hospital. Cuentan que, tras el fallecimiento, Mariana lloró desconsolada, suplicando a los médicos que lo salvaran, e incluso se arrodilló ante ellos.
Por el contrario, Liliana se mantuvo muy serena y comenzó a organizar los asuntos funerarios. Aunque Patricio había dicho antes de morir que Liliana se encargaría de su funeral y ya había comprado una tumba doble para ser enterrado junto a ella, Mariana corrió a Liliana del lugar.
Usando su estatus de esposa legítima, Mariana organizó un funeral grandioso para Patricio. También llevó a cabo un gran servicio conmemorativo. Ese día asistió mucha gente de la familia Salazar, pero no se vio a Liliana.
No fue que Liliana no quisiera ir, es que Mariana la echó. Ni siquiera le dio la oportunidad de despedirse. El fideicomiso controlaba las acciones y los dividendos, así que ahí Mariana no podía hacer nada, pero en todo lo demás, se aseguró de que Liliana no tuviera paz.
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Los comentarios de los lectores sobre la novela: De día mi Jefe cruel, de noche mi Esposo dulce