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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 1058

Bajó la mirada y siguió comiendo su pasta, y con cada bocado, todo le sabía a dulce.

Tobías comía y no podía dejar de sonreír.

Al verlo así, Belén no aguantó más y le regañó en broma:

—No te rías, come bien.

En lugar de detenerse, la sonrisa de Tobías se hizo más grande.

—A la orden, mi amor.

Dicho eso, empezó a comer a grandes bocados.

Al terminar, llevó los platos y cubiertos a la cocina, los lavó y salió.

Belén se puso de pie y le dijo:

—Te acompaño a la puerta.

Él asintió.

—De acuerdo.

Aunque no quería irse, aceptó. Quedarse más tiempo sería abusar de la confianza.

Cuando llegaron a la entrada de la mansión Soler, Tobías no se subió al auto de inmediato. Se quedó en la acera, como si quisiera robarle unos minutos más a la noche al lado de Belén.

Al ver que no se movía, ella sonrió levemente y le dijo:

—Ya es muy tarde, deberías regresar a casa.

Tobías volteó a mirarla con una expresión de nostalgia.

—De verdad no quiero irme.

Belén le dedicó una sonrisa, sacó una bolsa que tenía escondida detrás de la espalda y se la entregó.

—Toma, ten esto por ahora.

Él miró la bolsa, lleno de curiosidad.

—¿Qué es?

Belén se la puso en las manos.

—Ábrelo cuando llegues a casa.

Su actitud misteriosa dejó a Tobías intrigadísimo. Pero como ella se lo había pedido de esa forma, aceptó.

—Está bien.

—Sube al auto ya, yo también voy a entrar —insistió ella.

Capítulo 1058 1

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