Al bajarse, Tobías cerró la puerta con fuerza.
El fuerte estruendo asustó a los pandilleros que rodeaban a la mujer, y todos voltearon a mirar de inmediato.
Al ver a un hombre bajando de un auto de lujo, en vez de asustarse, se burlaron con descaro:
—Amigo, no te hagas el héroe queriendo rescatar a la damisela en apuros solo porque luces elegante. Esto no te incumbe. Si sabes lo que te conviene, lárgate de aquí.
Tobías, imperturbable, sacó un cigarrillo de su cajetilla, protegió la llama de su encendedor con la mano y lo encendió.
Le dio una calada profunda y, enarcando una ceja, miró a los hombres:
—Me meto porque quiero, ¿y qué?
Él siempre era así: dominante, imponente y cero razonable.
Al escucharlo, los matones respondieron con desdén:
—¡Vete al diablo! Lárgate si no quieres que te demos una paliza.
Pero Tobías parecía no escucharlos. En lugar de retroceder, caminó lentamente hacia ellos.
Solo cuando estuvo cerca se dio cuenta de que la mujer atrapada no era otra que Emilia.
Ella, en un estado lamentable, lo miró con lágrimas en los ojos, reflejando tanto alegría como sorpresa.
Tobías también se quedó atónito, pero fiel a su costumbre de no retroceder, decidió actuar.
Después de todo, ella le había salvado la vida; devolverle el favor una vez era lo mínimo que podía hacer.
Ya cerca, arrojó el cigarrillo a la nieve, que se apagó al instante. Con las manos en los bolsillos e ignorando por completo a los matones, se dirigió a Emilia:
—¿Qué pasa? ¿No vas a venir?
Al escucharlo, Emilia forcejeó con fuerza y les gritó a los dos hombres que la sujetaban por los brazos:
—¡Suéltenme!
Ambos hombres intercambiaron miradas cargadas de desprecio y burla.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....