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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 1073

El llanto de Cecilia era desgarrador, pero la mirada feroz de Helena le helaba la sangre del terror.

Se aferró a Frida con todas sus fuerzas, negándose a soltarla, negándose a irse.

Helena perdió la poca paciencia que le quedaba. Dio un paso decisivo, agarró a Cecilia en vilo y la apretó contra ella con tanta fuerza que la niña quedó inmovilizada. Luego, miró a Frida y le ordenó:

—Tráeme sus cosas.

Frida murmuró una afirmación, tomó la maleta y bajó las escaleras tras ellas.

Fabián estaba en su estudio. Parecía ajeno al escándalo, por lo que no salió a preguntar qué ocurría.

Sin embargo, mientras el grupo descendía por las escaleras, era imposible que no escuchara los llantos llenos de pánico de su hija.

Como padre, conocía a Cecilia. Sabía que si se resistía con tanta desesperación era porque no quería alejarse de Frida y buscaba su protección.

Pero tenían una boda que organizar y un sinfín de preparativos por delante. Enviar a Cecilia a la casa de al lado por un tiempo era, según él, lo mejor para ella.

Así, al menos, la niña podría dormir tranquila.

Si se quedaba, la decoración de la mansión y el constante ir y venir de gente terminarían alterándola.

Por eso, aunque el llanto de su hija le partía los oídos, Fabián fingió no escuchar absolutamente nada.

Una vez que dejó las cosas de Cecilia, Frida huyó de regreso a la Mansión Armonía.

Quedarse allí no habría servido de nada.

En cuanto Frida desapareció, Helena le clavó una mirada cargada de veneno a Cecilia y la amenazó:

—¡Deja de llorar! Si te escucho sollozar una vez más, te arrancaré la lengua.

Aterrada por la amenaza, Cecilia tragó saliva y no se atrevió a emitir ni un solo sonido.

Helena comenzó a guardar en el armario las cosas que Frida había traído. Sacó un pijama y se lo tiró a la niña.

—Cámbiate sola —ordenó.

Cecilia, de pie descalza sobre el piso frío, comenzó a desvestirse y ponerse el pijama con movimientos torpes.

Era lenta y torpe, pero Helena se limitó a observarla con desprecio, sin la menor intención de ayudarla.

Después de un buen rato, Cecilia logró ponerse el pijama. Sin embargo, estaba sudando y su cabello se había despeinado.

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