Al ver la expresión severa de Emilia, Belén supo de inmediato que su «tenemos que hablar» estaba indudablemente ligado a Tobías.
Tras dudar un segundo, aceptó:
—Está bien.
Al notar la ligera reticencia de Belén, Emilia dejó escapar una risa amarga.
—¿Sabes lo que te voy a decir?
Aunque Belén lo intuía, negó con la cabeza.
—No, no lo sé.
Emilia sabía que estaba fingiendo ignorancia, pero no se molestó en desenmascararla; simplemente fue directa al punto.
—Belén, creo que lo tienes muy claro. Yo conocí a Tobías mucho antes que tú. Fui yo quien lo salvó en aquel puente.
Esas palabras sumieron a Belén en un profundo silencio.
Era cierto, Emilia le había contado esa historia cuando aún compartían habitación.
Belén levantó la mirada hacia ella.
—Lo sé.
En cuestión de segundos, el rostro de Emilia se oscureció y, levantando la voz, le exigió:
—Si lo sabes, entonces aléjate de él. Tú estás casada, tienes a Fabián y a Cecilia. No tienes ningún derecho a acapararlo. Él me prometió que se casaría conmigo.
Aunque sabía que su posición era frágil, Belén no tuvo piedad al responder:
—Pero Emilia, Tobías no te ama.
Esa frase destrozó la cordura que le quedaba a Emilia.
—¡Es por tu culpa! ¡Por ti él no me ama! —gritó, con los ojos enrojecidos por las lágrimas.
Al ver la desesperación y el dolor de Emilia, Belén no supo qué más decir.
Tras un tenso silencio, Emilia sorbió por la nariz y suplicó:
—Yo renuncié a Hugo... devuélveme a Tobías.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....