Al ver que por fin se había callado, Helena puso los ojos en blanco y le ordenó de manera tajante:
—Ya que dejaste el berrinche, vete a dormir ahora mismo. Si escucho un solo ruido tuyo en toda la noche, juro que te estrangulo.
Los ojos de Cecilia estaban llenos de lágrimas contenidas, pero no se atrevió a hacer el menor sonido.
Al confirmar que la niña ya no causaría problemas, Helena se retiró tranquila a su habitación.
La espalda de Cecilia ardía como si tuviera hormigas caminando sobre su piel; le dolía y le picaba al mismo tiempo.
Al final, no tuvo más remedio que acostarse boca abajo. Pero al sentirse sucia y adolorida, no lograba conciliar el sueño.
Ya de madrugada, sin saber cómo, logró quedarse dormida y soñó con Belén.
—Mamá... mamá...
Pero cuando logró abrir los ojos con esfuerzo, lo único que le respondió fue un silencio absoluto y aplastante.
Cecilia miró a su alrededor. A través de la escasa luz que se filtraba por la ventana, se dio cuenta de que no había nadie a su lado.
Abrazó las sábanas y, de repente, rompió en un llanto silencioso.
En su sueño, Belén la había llevado en brazos al hospital y le había puesto compresas frías en la espalda para aliviar la quemadura.
Pero la realidad era que estaba completamente sola.
Fue en ese preciso instante cuando Cecilia sintió que extrañaba a Belén más que a nada en el mundo.
Cuando se enfermaba, Belén era la única que realmente se preocupaba por ella.
Pero ahora, incluso si Helena cumplía su amenaza y la tiraba a la calle, probablemente nadie se daría cuenta.
Cecilia hundió el rostro en las cobijas. Lloraba con pequeños espasmos, murmurando en sueños:
—Mamá, te extraño... te extraño mucho...
Sin embargo, por más profundo que fuera su dolor, no se atrevió a llorar en voz alta.
Tenía terror de que Helena la escuchara y la cumpliera su amenaza de botarla a la calle.
...
Dos días después, Belén tenía programada la cirugía para retirar los clavos de su pierna.
Dolores la acompañó al hospital.
Entró al quirófano a las nueve de la mañana y salió alrededor del mediodía.
Cuando Belén recuperó el conocimiento lentamente en su habitación, vio a Dolores sentada junto a la cama.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....