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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 239

Después de colgar, Belén se quedó sentada un rato en la cama, inmóvil.

Las palabras de Cecilia ya no le afectaban.

Total, si ya quería llamar a Frida «mamá», la razón por la que le gustaba tanto ya no tenía importancia.

Dejando de lado esos pensamientos, Belén comenzó a ordenar la habitación.

Después de recoger los pétalos y los regalos, se fue a bañar y a dormir.

A la mañana siguiente, Belén se arregló y salió de la mansión Soler.

Tenía un objetivo claro: ver a Fabián en persona para hablar del divorcio.

Así que fue directamente a su oficina.

Desde la entrada del edificio, Belén llamó a Fabián. Él no contestó, pero le envió un mensaje.

[Estoy en una reunión fuera. Hablamos luego.]

[Entonces te espero en tu oficina] —le respondió ella.

Fabián no volvió a escribir, así que Belén se sentó en el vestíbulo a esperar.

Después de media hora, la recepcionista se levantó de repente, con los ojos brillantes y una enorme sonrisa.

—¡Señorita Frida, qué bueno que vino!

La recepcionista sonreía con una adulación evidente, sus ojos curvados como medias lunas.

Belén levantó la vista y vio que era Frida quien había entrado.

—¿Está Fabián? —preguntó Frida, de pie frente al mostrador.

—El señor Fabián salió a una reunión —le informó la recepcionista—. Pero él ya nos dio instrucciones de que, si usted venía y él no estaba, puede esperarlo en su oficina. Ahora mismo la acompaño.

—Muchas gracias —dijo Frida con una sonrisa amable.

—No tiene que agradecernos, señorita Frida. Lo que necesite, solo díganos.

—De acuerdo —asintió Frida, sin decir más.

La recepcionista la guio hacia el elevador privado del presidente.

Belén lo observó todo, sintiendo una amargura inexplicable.

—¿Qué haces aquí?

Belén interpretó un segundo significado en su voz.

Era como si su presencia fuera algo vergonzoso, algo que lo haría quedar mal.

Pero incluso si era así, ya no le importaba.

—Hay algo de lo que tenemos que hablar a solas —le dijo.

Había demasiada gente, así que no mencionó explícitamente el divorcio.

Fabián no sabía de qué quería hablar, pero también tenía prisa.

—Tengo otra reunión arriba. Espérame un momento.

Belén frunció el ceño.

—¿Cuánto tiempo tengo que esperar?

—Media hora, más o menos —respondió Fabián después de pensarlo.

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