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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 241

Belén miraba a Fabián con una expresión indescifrable. En sus ojos no había ni rastro de tristeza, ni de alegría, ni de enojo; solo una calma absoluta.

Esta vez, Fabián estuvo seguro: Belén estaba hablando de divorciarse.

Ella permanecía sentada en el asiento del copiloto, con la mirada fija en él.

Fabián la observó, todavía incrédulo, y volvió a preguntar:

—¿Qué dijiste?

En cinco años de matrimonio, ella siempre había sido dócil. Se dedicaba de tiempo completo a Cecilia y a atender a sus suegros, nunca daba problemas.

A Fabián le gustaba que Belén fuera así. No discutía, no hacía dramas, y por eso su matrimonio había podido durar cinco años.

Pero ahora, esa Belén, la que siempre había sido tan obediente y tranquila, le estaba pidiendo el divorcio.

Aunque lo había escuchado con claridad, Fabián necesitaba confirmarlo una vez más.

La mirada de Belén era serena.

—Fabián, vamos a divorciarnos —dijo.

Su tono era tan neutro como si estuviera comentando lo que había comido.

Se suponía que era algo que debía derrumbar su mundo, pero lo dijo con una tranquilidad que helaba la sangre.

Fabián la miró, sin poder describir la sensación que lo invadía. Sin embargo, se escuchó a sí mismo preguntarle con una voz sorprendentemente calmada:

—¿Me pides el divorcio por Tobías?

En cinco años de casados, él siempre supo que no la amaba, pero a ella siempre le había importado mucho él.

Ahora que ella podía hablar de dejarlo ir con tanta paz, Fabián estaba seguro de que debía haber una razón.

Atando cabos, la única persona que se le venía a la mente era Tobías.

Belén negó con la cabeza, su voz tan calmada como antes.

—No, lo hago por mí.

Fabián se recargó en el respaldo y cerró los ojos por un instante. Al abrirlos, se giró de nuevo hacia Belén.

—¿Y Cecilia? ¿Qué va a pasar con ella?

La respuesta de Belén fue directa y decidida.

—No voy a pelearte la custodia de Cecilia. Se queda contigo.

Fabián frunció el ceño, con una mezcla de confusión y desconcierto en la mirada.

—¿Estás segura de que ya lo pensaste bien?

Belén asintió.

—Sí.

Pero en ese momento, la ventanilla del copiloto bajó. La mirada de Fabián se asomó.

—Las flores y el regalo son para ti —le dijo—. Llévatelos.

Al escucharlo, los ojos de Belén se enrojecieron de una tristeza inevitable, pero rápidamente logró recomponerse.

Cuando volvió a mirar a Fabián, una leve sonrisa se dibujó en su rostro.

—No es necesario. Ya se me pasó el momento en el que necesitaba estas cosas.

Tras decir eso, se dio la vuelta y se marchó sin mostrar el más mínimo rastro de nostalgia.

Cinco años, cinco cumpleaños. En cada uno, Belén había esperado con ansias que Fabián le preparara flores y un regalo, pero cada vez terminaba en decepción.

Y en realidad, si Fabián tan solo le hubiera dicho «feliz cumpleaños», ella no se habría sentido tan desilusionada.

Mientras observaba la figura de Belén alejarse con tanta determinación, Fabián sintió una extraña confusión.

En medio de esa neblina, recordó a la Belén que siempre lo recibía con una sonrisa, que cuidaba de él hasta el más mínimo detalle y que era la madre más tierna del mundo con su hija.

Pero ahora, de ella solo quedaba indiferencia.

Fabián no sabía qué sentir, y menos aún si quería o no divorciarse.

***

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