Solo pensaba que, si Belén ya lo había propuesto, él no podía simplemente negarse.
Cuando llegó a la Mansión Armonía, Cecilia ya se había aseado y estaba acostada en su recámara.
Fabián tocó la puerta.
—Cecilia, ¿puede pasar papá?
—Papá, pasa —respondió Cecilia desde adentro.
Cuando Fabián entró, Cecilia estaba viendo caricaturas en su tablet.
Se sentó en la cama y lo llamó con alegría.
—¡Papá!
Fabián se sentó a su lado, le acarició el cabello y le preguntó con cariño:
—¿No tienes sueño?
Cecilia negó con la cabeza obedientemente.
—No, papá, Cecilia no tiene sueño.
Fabián le pellizcó suavemente la nariz.
—Entonces, papá quiere hablar contigo de algo.
—Claro, papá, dime.
Al ver la inocencia radiante en el rostro de su hija, Fabián sintió una punzada de dolor en el corazón.
De camino a casa, ya había pensado en cómo abordar el tema.
Pero ahora que había llegado el momento, no estaba seguro de cómo empezar.
Cecilia, al ver la expresión de conflicto en el rostro de Fabián, se abalanzó sobre él y lo abrazó del brazo.
—Papá, ¿qué te pasa?
Fabián bajó la mirada hacia Cecilia y, después de un largo silencio, apretó los dientes y finalmente preguntó:
—Si mamá y yo nos separamos y la vieras cada vez menos, ¿te pondrías triste?
Cecilia negó con la cabeza, muy segura.
—No. Aunque no la viera en toda mi vida, no me pondría triste. Con que tú y la señorita Frida me traten bien, es suficiente.
Fabián se quedó en silencio.
No sabía cómo decir algo que, para su sorpresa, a su hija no le importaba en lo más mínimo.
Pero al ver que por parte de la niña no había problema, no insistió más en el asunto.
Después de salir del cuarto de Cecilia, Fabián le envió un mensaje a Belén.
[Ya hablé con Cecilia. Respecto al acuerdo de divorcio, dejaré que mi abogado se encargue.]
A los pocos minutos, llegó la respuesta de Belén.
La intensidad de su mirada la incomodó, así que Belén preguntó confundida:
—¿Qué pasa?
—El abuelo quiere que vayamos a cenar —dijo Fabián—. Es para festejar tu cumpleaños atrasado. Vine a recogerte.
Belén se sorprendió por un momento y luego preguntó de inmediato:
—¿Y cuánto tardará en estar listo nuestro acuerdo de divorcio?
—Ya di la orden —respondió Fabián.
Tras una pausa, la miró fijamente a los ojos.
—¿Tienes mucha prisa?
Belén no intentó ocultarlo ni desvió la mirada. Le sostuvo la vista y respondió con total franqueza:
—Sí.
Fabián hizo una pausa. Al bajar la vista, notó el brazalete de esmeraldas en su muñeca.
Era el que Tobías había conseguido en aquella subasta, y ahora estaba en el brazo de ella.
«Seguro me está pidiendo el divorcio por Tobías», pensó.
Pero ya no importaba. De todos modos, él nunca la había amado.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....