La llamada era de Fabián.
Temiendo que Tobías hiciera alguna locura, Belén contestó sin dudarlo.
Apenas respondió, la voz de Fabián sonó al otro lado.
—¿Dónde estás?
Antes de que Belén pudiera contestar, él añadió:
—El abuelo me pidió que viniera a recogerte.
Al oírlo, Belén miró de reojo a Tobías. Él la observaba con una expresión llena de resentimiento que le puso la piel de gallina.
No sabía por qué, pero la mirada de Tobías parecía decirle que le había fallado.
«Pero debe ser mi imaginación», pensó.
Ella y Tobías apenas se conocían.
Después de pensarlo, le respondió a Fabián:
—Ya voy para afuera.
Colgó el teléfono y, sin decirle una palabra a Tobías, se dio la vuelta y corrió hacia el salón de fiestas.
Pero a medida que se acercaba, se dio cuenta de que los ruidos que venían de adentro no eran normales.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca, entendió: eran gritos de pánico, acompañados por el estruendo de cosas rompiéndose.
Belén se dio cuenta de que algo grave debía de estar pasando en el salón.
Pero para salir de allí, tenía que pasar por el salón, así que decidió asomarse por la puerta trasera para ver qué sucedía.
A través de la rendija de la puerta entreabierta, vio que gran parte del mobiliario del salón estaba destrozado. El responsable del caos sostenía un enorme machete y lo blandía al azar.
La mayoría de la gente ya había huido. El hombre del machete miraba a su alrededor, gritando:
—¿Dónde están? ¡Salgan, salgan de una vez!
Cuando el hombre giró la cabeza, Belén lo reconoció: era el mismo que había intentado tocar a Pilar.
Al ver al hombre correr hacia ella, Belén huyó despavorida hacia el patio trasero.
El hombre levantó el machete, persiguiéndola para atacarla.
Debido a la diferencia de velocidad entre un hombre y una mujer, Belén estaba a punto de ser alcanzada cuando Tobías apareció de la nada. Le dio una patada en la cintura al agresor, quien tropezó y cayó al suelo, soltando el machete.
Tobías reaccionó de inmediato y, de otra patada, envió el arma a la alberca.
Belén, abrumada por la rapidez de los acontecimientos, sintió que las fuerzas la abandonaban y se desplomó en el suelo.
Tobías sometió al hombre y solo lo soltó cuando llegaron los guardias de seguridad.
Belén se quedó sentada en el suelo, con la mirada perdida.
Tobías se acercó, la abrazó y le dio suaves palmaditas en la espalda mientras la tranquilizaba.
—Ya pasó, ya pasó.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....