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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 280

Cuando se fueron, Tobías, frustrado, se dio una palmada en la cara.

Luego, miró a Fabio con reproche.

—No eres de fiar.

—¿Y tú por qué no dijiste nada? —le respondió Fabio—. La señora no muerde.

—¿Y Rosario sí muerde o qué? —replicó Tobías, también molesto.

Fabio, sin saber qué más decir, se enfadó.

—¡Le voy a decir a mi papá que me estás molestando!

***

Belén tomó un taxi de regreso a la mansión Soler.

Al llegar, se sorprendió al ver el carro de Fabián estacionado afuera.

Todavía faltaban dos horas para la cena, y Dolores y Leandro aún no habían vuelto.

Gonzalo y Eva tampoco estaban en casa.

Así que, cuando Belén entró con Rosario, vio a Fabián sentado en el sofá. Sobre la mesa había una bebida preparada, pero no la había tocado.

Si su familia hubiera estado en casa, probablemente Fabián ni siquiera habría podido entrar.

Al ver llegar a Belén, Fabián, que estaba recostado en el sofá respondiendo un mensaje, levantó la vista.

—¿Ya volviste?

Belén entró a la sala con Rosario y le dijo:

—Rosa, sube a jugar un rato. Tengo que hablar con tu tío.

Rosario no quería, pero como Belén insistió, no tuvo más remedio que obedecer.

Cuando Rosario subió, Belén se acercó a Fabián y le preguntó con enojo:

—Fabián, ¿qué haces aquí?

Su tono era hostil, y su expresión dejaba claro su disgusto.

Fabián dejó el celular a un lado y respondió con calma:

—El abuelo me pidió que viniera a buscarte.

Belén desvió la mirada.

—No hace falta —dijo con frialdad—. No voy a volver contigo esta noche.

Fabián la miró de perfil y, por un momento, se sintió desorientado.

Después de una pausa, sonrió levemente.

Al ver que aceptaba, Fabián se levantó.

Justo cuando se disponían a irse, Rosario bajó corriendo las escaleras.

—¡Tío malo! ¿A dónde te llevas a mi tía otra vez?

Rosario se paró frente a Fabián y le bloqueó el paso.

Fabián la miró, se agachó y extendió la mano para acariciarle la cabeza.

Pero Rosario le dio un manotazo y le gritó, enfadada:

—¡No me toques!

Fabián apretó los labios y retiró la mano.

—Tío lleva a tía a casa del abuelo —le dijo con voz suave.

—¡No! —lo interrumpió Rosario—. ¡La casa de tía es aquí!

Fabián era un adulto y no tenía por qué discutir con una niña.

Pero ese día, no pudo contenerse. Con una sonrisa forzada, le explicó con seriedad:

—Rosa, tu tía es la esposa de tu tío. Su casa no está aquí. La casa de tu tío es donde está ella. Donde está tu tío, ahí está su casa, ¿entiendes?

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