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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 448

Ya no quiso seguir escuchando al policía, así que colgó.

Pero, pensándolo bien, tenía sentido. Si Mariana, Cristian y Cintia se habían atrevido a atacarla en su habitación, era porque ya tenían un plan de respaldo.

Su denuncia no serviría de nada.

Alejandra, que había escuchado la conversación, la miró con determinación.

—Belén, estamos en Páramo Alto. Aquí el poder lo es todo. No vas a conseguir nada por las buenas. Hay cosas que se arreglan a la mala y en lo oscurito. Así que dime, ¿quién te hizo esto?

Al oírla, Belén frunció el ceño.

—Alejandra, no quiero meterte en esto.

—¡Ya basta! —exclamó Alejandra, perdiendo la paciencia—. Seguramente fueron los Rojas. No les tengo miedo.

Belén intentó disuadirla, pero Alejandra desvió la mirada.

—Belén, quizás no pueda hacer que se disculpen contigo, pero al menos voy a intentar que la pasen mal.

Sabía que ella sola no podía lograrlo, pero conocía a gente que sí.

Parecía tan decidida que Belén ya no dijo nada más.

Pasó el resto del día en la cama. Con Alejandra a su lado, se sintió un poco mejor.

Por la noche, Alejandra le dijo que tenía que irse un momento para hacer su transmisión en vivo de esa noche.

Belén no tenía motivos para detenerla.

—Está bien.

Aunque lo dijo, por dentro sintió un nudo de miedo.

Alejandra notó su temor.

Al escuchar a Alejandra hablar de sí misma con esa ligereza, Mateo no sintió ningún rechazo. Al contrario, sonrió para sus adentros.

Quizás otros no entendieron el doble sentido, pero él sí.

Fabián era una de las figuras más poderosas de Páramo Alto. ¿Quién se atrevería a meterse con él? ¿Quién podría?

Con esa respuesta, Alejandra no solo se deshacía de un acosador, sino que también lo rechazaba de forma indirecta.

Aunque, al hacerlo, se presentaba a sí misma como alguien fácil, como si de verdad fuera a cumplir su palabra si alguien lograba el reto.

Pensando en eso, Mateo sonrió y se bebió el resto del vino de un trago.

Luego, volvió a mirar la cara de Alejandra en la pantalla de su celular y dijo en voz baja, con una sonrisa:

—Pues… a mí sí me dan ganas de intentarlo.

***

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