Belén estaba muy preocupada, pero no le quedó más remedio que ceder.
—¿Y cómo podemos garantizar tu seguridad? —preguntó, resignada.
—Envíame un mensaje cada diez minutos —propuso Alejandra—. Si no respondo, llama a la policía.
Aunque la idea no la tranquilizaba del todo, Belén aceptó.
—De acuerdo.
Charlaron un poco más antes de colgar.
Esa tarde, a las cinco, Alejandra le envió un mensaje a Belén: [Ya salí de casa.]
A partir de ese momento, Alejandra le enviaba un mensaje cada pocos minutos para mantenerla al tanto.
Belén, carcomida por la preocupación, no se despegaba del celular, actualizando constantemente la pantalla.
Hasta que, pasadas las seis y veinticuatro de la tarde, los mensajes de Alejandra cesaron.
Transcurrieron diez minutos y Belén no recibió ninguna noticia.
Sin dudarlo un segundo, llamó a la policía. Pero fue inútil; no tomaron en serio su denuncia.
Desesperada, Belén, a pesar de su agotamiento, subió a su carro y salió de la mansión Soler.
Mientras conducía, intentaba contactar a Alejandra una y otra vez. Su teléfono sonaba, pero nadie contestaba.
De repente, un carro le bloqueó el paso en medio de la carretera.
Belén frenó en seco y volvió a intentar llamar a Alejandra. Seguía sin obtener respuesta.
Al levantar la vista, vio que el carro que le impedía el paso no tenía intención de moverse.
Frustrada, tocó el claxon.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....