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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 509

Belén regresó a su carro. Tras unos segundos de reflexión, apretó los dientes y subió.

Con las manos aferradas al volante, su mirada se endureció hasta volverse gélida. Al instante siguiente, tomó una decisión.

Pisó el acelerador a fondo y se lanzó directamente contra el carro de Fabián. Cerró los ojos con fuerza, sin importarle las consecuencias. A fin de cuentas, ¿qué era lo peor que podía pasar? Morir.

No importaba lo que sucediera; en ese momento, no se permitiría arrepentirse. Por eso pisó el acelerador con toda su alma.

Al escuchar el rugido del motor, sintió una extraña calma, una quietud que contrastaba con el caos que estaba a punto de desatar.

Desde su carro, Fabián, que acababa de pasar al asiento del conductor, vio cómo Belén aceleraba hacia él. A medida que la distancia se acortaba, en lugar de apartarse, decidió quedarse quieto.

Estaba apostando. Apostando a que Belén no se atrevería a chocarlo, a que no tendría el valor, a que no soportaría que le pasara algo.

Con una mano en el volante, Fabián también cerró los ojos.

Frida, que no había tenido tiempo de pasar al asiento delantero, sintió un pánico atroz al ver aquel juego mortal.

—¡Fabián! —gritó, su voz cargada de terror.

El grito de Frida lo sacó de su trance. Abrió los ojos de golpe y, al ver el carro de Belén acercándose a una velocidad vertiginosa, giró el volante instintivamente, despejando el camino.

El viraje fue tan brusco que Frida se golpeó contra la puerta, y su cabeza chocó contra la ventanilla con un ruido sordo.

Cuando el carro se detuvo por completo, Fabián se dio cuenta de que tenía las manos empapadas en sudor.

Al oír el quejido de dolor de Frida, reaccionó y se giró para verla, preguntando con preocupación:

—Frida, ¿estás bien?

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