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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 102

Daniel no le preguntó a Victoria qué había ocurrido con Adrian.

Esperó a que ella quisiera hablar, como si verla salir con el rostro tenso no despertara ninguna pregunta. Esa discreción fue precisamente lo que hizo que Victoria respirara con un poco más de calma.

—Gracias —dijo después de varios minutos.

Daniel volvió la mirada apenas un instante.

—No sabía si las cosas se podían complicar. Me preocupe por ti.

—Pudiste ignorarlo.

—También podía esperar.

Victoria apoyó la cabeza contra el asiento. No quería hablar de Adrián, pero las palabras de la conversación seguían repitiéndose en su mente. Había aceptado verlo porque creyó que estaba dispuesto a facilitar el divorcio y terminó escuchándolo exigir que regresara a la mansión.

—¿Quieres que te lleve directamente a tu departamento? —preguntó Daniel.

—Sí, por favor.

Él no insistió, aunque redujo un poco la velocidad cuando notó que ella cerraba los ojos.

—No tienes que contarme nada —añadió—. Solo quiero saber si estás bien.

Victoria soltó una respiración cansada.

—No sé si estoy bien, pero tampoco quiero volver atrás.

—Entonces no vuelvas.

La respuesta fue sencilla y no sonó como una orden. Daniel no intentó decirle qué debía sentir ni aprovechó el momento para hablar mal de Adrián, algo que Victoria agradeció.

—Pensé que había pedido verme para decirme que firmaría —confesó.

Daniel mantuvo la vista al frente.

—¿No lo hará?

—Dice que no puede aceptar que todo termine sin intentar salvarlo.

—¿Y qué significa salvarlo para él?

Victoria recordó la forma en que Adrián le pidió regresar, como si volver a la mansión pudiera resolver algo.

—Que yo regrese mientras él descubre cómo compensar lo que hizo.

Daniel apretó apenas las manos sobre el volante.

—Eso no parece una solución para ti.

—No lo es.

El silencio que siguió no resultó incómodo. Victoria agradeció que Daniel no tratara de llenar cada espacio con consejos, porque durante años había escuchado a demasiadas personas decirle qué debía hacer para proteger a Adrián, a Fernanda o a sus familias.

Cuando llegaron al edificio, Daniel estacionó frente a la entrada, pero no apagó el motor.

—Mañana puedo pedirle a Laura que reprograme la reunión de la mañana —dijo—. No tienes que presentarte si necesitas descansar.

—No quiero cambiar mi agenda por esto.

—Entonces no la cambiaremos.

Victoria sonrió débilmente.

—Siempre haces que parezca sencillo.

—No lo es. Solo intento no complicarlo más.

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