Adrián tuvo que permanecer frente a la puerta cerrada, con la respiración agitada y las manos convertidas en puños. Las alarmas continuaban sonando dentro de la habitación. Escuchaba órdenes médicas, pasos apresurados y el movimiento de equipos que no podía ver. Cada ruido aumentaba la necesidad de entrar, pero los dos miembros de seguridad del hospital se mantenían cerca, preparados para detenerlo si intentaba hacerlo.
—¡Necesito saber qué está ocurriendo! —exigió, golpeando la puerta con la palma—. ¡Soy su esposo!
Nadie respondió.
Los abuelos de Victoria regresaban del comedor cuando escucharon su voz desde el otro extremo del pasillo. No se habían separado de su nieta desde que ingresó al hospital, pero una enfermera prácticamente los había obligado a comer algo después de tantas horas de espera.
La abuela apresuró el paso al ver la puerta rodeada de personal.
—¿Qué sucedió? —preguntó—. ¿Por qué suenan esas alarmas?
Adrián se volvió hacia ellos. Tenía el rostro pálido y una desesperación que no consiguió ocultar.
—Victoria despertó, pero comenzó a alterarse.
El abuelo se detuvo frente a él.
—¿Qué le dijiste?
—Nada que pudiera lastimarla.
—Entonces, ¿por qué están intentando estabilizarla otra vez?
Adrián tensó la mandíbula.
—Recordó lo ocurrido en París y lo que Fernanda le dijo. Intenté explicarle que aquello era mentira.
—¿Intentaste explicarte mientras ella acababa de despertar?
—No fue así.
—La escuchamos gritar desde el pasillo.
—Yo quería tranquilizarla.
El abuelo dio un paso hacia él.
—Tu presencia provocó otra crisis en mi nieta.
—No sabe lo que pasó dentro de esa habitación.
—Sé que Victoria estaba estabilizándose después de una semana sin reaccionar hasta que abrió los ojos y te encontró junto a ella.
Adrián soportó la acusación sin apartar la mirada.
—Me quedé porque no quería que despertara sola. Llevo horas esperando que reaccione.
—Y cuando lo hizo, volviste a hablarle como si tuvieras derecho a decidir lo que necesita.
—Sigo siendo su esposo.
El abuelo soltó una exhalación cargada de indignación.
—Ese título no te sirvió para presentarte en París cuando ella te esperaba.
Adrián endureció el rostro.
—Ya les dije que sucedió. Estaba detenido por un crimen que no cometí, no fue sencillo.
—Para Victoria tampoco fue sencillo darse cuenta de que jamás podía confiar en ti.
—No voy a discutir con usted sobre mi matrimonio.
—No tienes un matrimonio. Tienes un documento que todavía no termina de disolverse.
Adrián avanzó, pero la abuela se interpuso antes de que la discusión subiera de tono.
—Basta los dos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....