Victoria abrió los ojos sin comprender dónde estaba. Giró la cabeza con dificultad y encontró a Adrián sentado junto a la cama, inclinado hacia ella. Tenía la camisa arrugada, el cabello desordenado y una expresión que Victoria jamás le había visto. Parecía agotado, pero había algo más fuerte que el cansancio en sus ojos.
Alivio.
—Despertaste —dijo él, poniéndose de pie—. Gracias a Dios. Victoria, mírame. Estoy aquí.
Ella parpadeó varias veces, intentando ordenar sus pensamientos.
—¿Que…?
La garganta le dolió al hablar y la palabra salió apenas audible.
Adrián acercó la silla y tomó su mano entre las suyas.
—Estás en el hospital. No intentes hablar demasiado. Los médicos dijeron que necesitabas descansar.
Victoria bajó la mirada hacia sus dedos unidos. La calidez de aquella mano habría sido suficiente para tranquilizarla tiempo atrás, cuando todavía esperaba que Adrián se acercara de esa manera. Ahora solo consiguió aumentar su confusión.
—¿Hospital? —repitió.
—Te desmayaste.
Victoria cerró los ojos y las escenas regresaron con violencia. Recordó que había intentado sostenerse de una mesa, que sus piernas dejaron de responder y que alguien gritó su nombre antes de que todo desapareciera.
Luego llegaron imágenes más confusas: luces desplazándose sobre ella, voces apresuradas, una camilla avanzando por un pasillo, manos intentando mantenerla despierta.
Abrió los ojos de golpe.
—La librería.
Adrián apretó su mano.
—Sí. Te desmayaste allí después convulsionaste cuando te trajeron.
—Fernanda…
Su respiración se volvió irregular.
—Victoria, no pienses en eso ahora.
—Ella fue al aeropuerto en tu lugar.
—Lo sé.
—Me dijo…
La frase quedó incompleta cuando el aire comenzó a faltarle. Victoria intentó incorporarse, pero el cuerpo no le respondió como esperaba.
Adrián se acercó de inmediato.
—No te levantes. Puedes lastimarte.
—Suéltame.
—Solo intento ayudarte.
—Dije que me sueltes.
El monitor junto a la cama aceleró su ritmo. Una alarma breve se encendió, seguida de otra.
Adrián miró los aparatos y después volvió a concentrarse en ella.
—Victoria, mírame. Respira despacio.
Ella negó con la cabeza. Las paredes parecieron cerrarse a su alrededor mientras sintió que el pecho volvía a comprimirse.
—No —murmuró.
—Estoy aquí —insistió Adrián—. No voy a dejarte sola.
Aquellas palabras la alteraron todavía más.
—Ya lo hiciste.
Adrián se quedó inmóvil.
—Victoria…
—Me dejaste esperando.
—Puedo explicarlo.
—No quiero escucharte.
El monitor emitió un sonido más agudo. Adrián presionó el botón de llamada, pero no se apartó de ella.
—Necesitas calmarte.
—No me digas que me calme.
—Lo digo porque estoy preocupado.
—No tienes derecho.
—Soy tu esposo.
Victoria lo miró como si acabara de decir algo incomprensible.
La palabra cayó sobre ella con un peso insoportable. Esposo, Adrián pronunció el término con naturalidad, como si todavía pudiera utilizarlo para reclamar cercanía, como si no hubiera ignorado durante años todo lo que aquella relación significaba para ella.
—No uses esa palabra.
—Victoria, legalmente seguimos casados.
—No la uses conmigo.
—Solo intento recordarte que estoy aquí y que voy a ocuparme de ti.
—No necesito que te ocupes de mí.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....