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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 36

Victoria llegó al showroom poco antes de las diez.

El lugar todavía no estaba terminado. Había paredes sin decorar, mesas cubiertas con muestras y varias piezas protegidas con tela. Aun así, el espacio tenía potencial. Era amplio, sobrio y perfecto para presentar la línea de mobiliario ante los inversionistas.

Daniel la esperaba junto a una mesa larga, revisando unos planos con el encargado del lugar.

—Victoria —la saludó al verla entrar—. Justo a tiempo.

Ella se acercó con su carpeta en la mano.

—¿Hay algún problema?

—Nada grave. Solo están intentando convencerme de colocar las piezas principales cerca de la entrada.

Victoria miró el área y luego el recorrido que harían los visitantes.

—No conviene.

Daniel sonrió, como si ya esperara esa respuesta.

—Eso dije.

El encargado se cruzó de brazos.

—La entrada tiene más visibilidad.

—Sí —dijo Victoria—, pero si las piezas principales están ahí, el recorrido termina antes de empezar. Necesitamos llevar a la gente hacia el centro, no dejar que vean todo desde la puerta.

Daniel señaló el plano.

—Exacto.

El encargado revisó el espacio de nuevo.

—Entonces, ¿sugieren ponerlas en esta zona?

Victoria caminó unos pasos y se detuvo en medio del salón.

—Aquí. La iluminación natural ayuda, y la distancia permite ver la proporción completa. Además, las piezas secundarias pueden guiar el recorrido sin competir.

Daniel la miró con atención profesional.

—Eso funciona.

Victoria bajó la vista al plano.

—También necesitamos mover esa mesa. Interrumpe el paso.

—Anotado —dijo Daniel.

Durante la siguiente hora revisaron distribución, altura de exhibición, tránsito y orden de presentación. Victoria se permitió hablar con seguridad. No porque hubiera perdido sus nervios, sino porque el trabajo empezaba a ser terreno conocido. Ahí no era la esposa que debía ceder, ni la hermana que debía comprender. Era una mujer con criterio.

—Si colocamos el módulo aquí, la gente tendrá que rodearlo —dijo Daniel.

Victoria negó.

—No. Si obligas a rodear una pieza, parece obstáculo, no diseño.

Daniel dejó el plano sobre la mesa y la miró.

—Tienes una forma muy amable de decir que mi idea es mala.

Victoria no pudo evitar reír.

No fue una carcajada fuerte ni fingida. Fue una risa simple, natural, que salió antes de que ella pensara en contenerla.

Daniel levantó ambas manos.

—Acepto la derrota.

—No era derrota. Era corrección necesaria.

—Peor.

Victoria volvió a reír, esta vez más tranquila.

Hacía mucho que no se sentía así en medio de una jornada. Concentrada, útil, escuchada. Había olvidado lo fácil que podía ser respirar cuando nadie esperaba que se disculpara por ocupar espacio.

Daniel también sonrió, pero no cruzó ninguna línea.

—Me gusta verte más cómoda aquí —dijo.

Victoria acomodó una muestra sobre la mesa.

—Creo que me gusta estar aquí.

La frase salió sencilla, pero para ella significó mucho.

Afuera, un auto negro se detuvo frente al edificio.

Adrián había llegado a la zona para recoger a Fernanda después de una terapia en una clínica cercana. El chofer estacionó junto a la acera mientras él revisaba un mensaje de Regina.

Fernanda salió hace cinco minutos. Dice que está cansada.

Adrián levantó la mirada justo cuando vio a Victoria a través del ventanal del showroom.

No esperaba encontrarla ahí.

Victoria estaba junto a Daniel, señalando algo en el plano. Llevaba el cabello recogido, una blusa clara y una expresión concentrada.

Entonces Daniel dijo algo, y ella rió.

Adrián se quedó quieto.

Fue breve, pero suficiente. Victoria no parecía contenida ni medida, como en la mansión Montenegro. Se veía más ligera, más cercana a una versión de sí misma que él no conocía.

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