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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 157

Isabel y Ernesto ya sabían que su hija estaba grave. Los padres de Isabel les habían informado lo necesario, aunque respetaron la petición expresa de Adrián de no decirle nada a Fernanda ni a Regina. No quería que ninguna de ellas apareciera en el hospital.

Sin embargo, la necesidad de encontrar un donante compatible había cambiado los planes. Isabel y Ernesto habían sido evaluados con rapidez, pero ambos quedaron descartados debido a distintos problemas de salud. Fernanda era la siguiente posibilidad y, aunque Adrián no confiaba en ella, no podían ignorar que era hermana de Victoria.

Por eso habían preparado aquella conversación.

Fernanda, ajena a todo, llevaba días irritada por la distancia emocional de sus padres. Isabel apenas hablaba durante las comidas y Ernesto se encerraba durante horas en su estudio. Ninguno celebraba sus comentarios ni se interesaba por sus planes como antes.

Aquella mañana, cuando una empleada le informó que Adrián había llegado, toda su molestia desapareció.

—¿Adrián está aquí? —preguntó, levantándose de inmediato.

—Sí, señorita. Está en la sala principal con el señor Ernesto.

Fernanda sonrió, convencida de que por fin todo volvía a su lugar.

—Sabía que vendría por mí que me elegiría sobre Victoria.

Subió a su habitación y abrió el armario con entusiasmo.

—Prepara una maleta pequeña —ordenó a otra empleada—. Solo llevaré lo indispensable.

—¿Va a salir de viaje, señorita?

—Voy a regresar a la mansión Montenegro. Adrián seguramente no quiere que pierda tiempo empacando demasiado.

Tomó un vestido y lo dejó sobre la cama.

—Además, puede comprarme todo lo que necesite. Siempre ha sido generoso conmigo.

La empleada intercambió una mirada nerviosa con otra mujer que acomodaba la habitación.

—Señorita Fernanda…

—¿Qué?

—No creo que el esposo de su hermana haya venido por eso.

Fernanda se quedó inmóvil.

—¿Cómo dijiste?

La empleada tragó saliva.

—Quizá su visita tenga relación con la señora Victoria.

El rostro de Fernanda se transformó.

—¿Quién te pidió tu opinión?

—Nadie. Solo pensé que…

Fernanda avanzó y levantó la mano, dispuesta a golpearla, pero Isabel apareció en la puerta y sujetó su muñeca antes de que pudiera hacerlo.

—Baja la mano.

—Mamá, no te metas.

—Estás a punto de golpear a una empleada por decir algo que no querías escuchar.

Fernanda retiró el brazo con brusquedad.

—Me faltó al respeto.

—No. Tú estás perdiendo el control y ese no es un comportamiento adecuado para una señorita de sociedad.

Fernanda la miró con incredulidad.

—¿Ahora vas a defenderla a ella?

—Voy a impedir que humilles a alguien que no puede responderte.

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