Fernanda esperó hasta que la casa quedó en silencio. Desde la cama escuchaba a los guardias conversando en el pasillo y a la enfermera moviéndose cerca de la escalera. Daniel se había marchado después de ordenar que revisaran las pertenencias de Marcos a la mañana siguiente.
La puerta no estaba cerrada con llave. Era otra concesión destinada a probar su obediencia, aunque un hombre permanecía sentado a pocos metros. Daniel necesitaba comprobar que todavía podía controlarla sin correas ni medicamentos.
Fernanda salió con una mano sobre el costado.
—¿Necesita algo? —preguntó el guardia.
—El baño.
Él señaló una puerta al final del corredor y la siguió con la mirada. Fernanda avanzó despacio, fingiendo mayor debilidad de la que sentía. No le resultó difícil. Cada paso tensaba la herida y le recordaba que cualquier esfuerzo podía dejarla tendida en el suelo.
Al regresar, se detuvo frente a la habitación donde habían colocado las cajas.
—¿Qué hay ahí?
—No puede entrar.
—Son cosas de Marcos.
—Orden del señor Reyes.
Fernanda se apoyó contra la pared y dejó que las piernas cedieran.
—Necesito sentarme.
El guardia se levantó para ayudarla. Ella permitió que la condujera hasta una silla cercana y cerró los ojos.
—Llame a la enfermera.
El hombre se alejó unos pasos para utilizar el teléfono interno. Fernanda esperó hasta que le dio la espalda, se levantó y entró en la habitación.
La pieza estaba junto a la pared, todavía cubierta. Retiró la manta y reconoció la estructura de metal. Años atrás se había burlado de Marcos cuando decidió comprarla.
—¿Por qué quieres conservar algo que detestamos? —le preguntó entonces.
—Porque fue lo primero en lo que estuvimos de acuerdo.
En aquel momento, la respuesta le pareció romántica. Ahora comprendía que Marcos coleccionaba pruebas de su historia porque siempre temió que ella pudiera borrarlo. En parte había tenido razón: después de recuperar la memoria, Fernanda decidió actuar como si él nunca hubiera existido.
Se arrodilló con dificultad y examinó la base. Había cuatro tornillos, pero uno tenía la cabeza ligeramente distinta. Intentó girarlo con los dedos y no consiguió moverlo.
Buscó entre las cajas hasta encontrar una herramienta pequeña. Sus manos temblaban y el tiempo se agotaba. Imaginó al guardia regresando, llamando a Daniel y descubriendo que ella había mentido desde que llegaron. Se obligó a concentrarse.
Cuando el tornillo cedió, retiró una placa estrecha. Dentro había una memoria, una llave y un papel doblado.
Fernanda guardó los dos objetos bajo la blusa y abrió la nota.
Si estás leyendo esto, Daniel decidió que ya no me necesita o conseguí sacarte. La caja está registrada con el nombre que usábamos para los departamentos. Ahí están las copias. No confíes en mi padre ni en los hombres de Daniel.
Debajo aparecía una serie de números y una clave.
Fernanda leyó el mensaje dos veces. Marcos había previsto su propia muerte y, aun así, continuó obedeciendo a Daniel hasta que ella estuvo en peligro. Aquello no era valentía completa ni cobardía absoluta. Era la contradicción de un hombre que quiso salvarla después de haber contribuido a destruirla.
Los pasos regresaron al pasillo. Fernanda colocó la placa, cubrió la pieza y salió justo cuando el guardia aparecía con la enfermera.
—¿Qué hacía ahí?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....