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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 244

Fernanda abrió los ojos en una habitación distinta. Durante varios segundos no recordó el traslado, pero el dolor en el costado y la presión de las vendas devolvieron cada imagen: Marcos en el suelo, Daniel ordenando retirar su cuerpo y las puertas de la bodega cerrándose antes de que ella pudiera escapar.

La voz que la había culpado durante el trayecto regresó para repetir que Marcos continuaría vivo si ella no hubiera pedido ayuda. Fernanda apretó los párpados, intentando acallarla. Marcos había muerto por intentar sacarla de allí, pero Daniel había elegido dispararle. Asumir sus errores no significaba cargar también con los crímenes de otros.

La habitación tenía una cama, una mesa y un sillón. Las ventanas estaban aseguradas, aunque ya no había correas alrededor de sus muñecas. Daniel quería que creyera que su obediencia le había devuelto parte de la libertad. En realidad, solo había cambiado una prisión evidente por otra más cómoda.

Una enfermera entró con una bandeja.

—¿Dónde estamos?

—No puedo decírselo.

—¿Daniel está aquí?

—Llegará más tarde.

La mujer retiró las vendas. Su expresión se tensó al revisar la herida.

—Necesita descansar.

—Necesito un hospital.

—El médico vendrá esta noche.

—Eso no fue lo que pregunté.

La enfermera guardó los materiales sin responder. Fernanda la observó con atención. Podía colaborar por miedo, dinero o necesidad, pero seguía obedeciendo. Ella misma había empleado esas excusas para justificar decisiones que perjudicaron a otros y sabía que ninguna cambiaba el resultado.

—¿Qué hicieron con Marcos?

La mujer evitó mirarla.

—No lo sé.

Cuando se marchó, Fernanda intentó levantarse. Logró apoyar los pies en el suelo, aunque tuvo que regresar a la cama después de avanzar unos pasos. El esfuerzo la dejó sin aliento. Necesitaba recuperar fuerzas antes de buscar la pieza mencionada por Marcos, pero desconocía cuánto tiempo tenía.

Daniel apareció al final de la tarde. Llevaba ropa distinta y una serenidad que pretendía borrar lo sucedido.

—Te ves mejor.

—No lo estoy.

—La enfermera dijo que tus signos son estables.

—La enfermera tampoco quiso decirme dónde dejaron a Marcos.

Daniel ocupó el sillón.

—Marcos ya no puede ayudarte.

Fernanda bajó la mirada, permitiendo que el recuerdo de su muerte modificara su expresión. No tuvo que fingir el dolor, solo ocultar que aquel dolor ya no la hacía incapaz de pensar.

—Lo sé.

—Murió porque intentó traicionarme.

—Murió porque nunca entendió para quién estaba trabajando.

Daniel estudió su rostro.

—¿Ahora lo comprendes tú?

Fernanda dejó pasar unos segundos.

—Comprendo que no tengo a nadie más.

La frase pareció interesarle.

—Tus padres continúan buscándote.

—Cuando me encuentren, sabrán que mentí.

—Podemos explicar tu ausencia.

—¿Cómo? ¿Conseguirás otra mujer para que aparezca en mi lugar?

Daniel ignoró la provocación.

—Dirás que te marchaste voluntariamente con Marcos y que él te mantuvo incomunicada.

—Eso lo convertirá en responsable de todo.

—Es lo que fue.

Fernanda levantó la mirada.

—Tú organizaste la cirugía.

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