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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 254

Daniel fue declarado prófugo y su fotografía apareció en aeropuertos, hospitales y puntos fronterizos, pero las búsquedas iniciales no produjeron resultados. Las autoridades congelaron varias cuentas; sin embargo, cuando intentaron asegurar el dinero, descubrieron que la mayor parte había sido transferida a sociedades abiertas bajo otras identidades.

Adrián reforzó la vigilancia en la mansión y el hospital, convencido de que Daniel intentaría acercarse a Victoria.

—No quiero guardias siguiéndome dentro de cada habitación —dijo ella.

—Daniel continúa libre y conoce nuestros movimientos.

—Lo sé, pero Camille y Mathis ya sienten que pueden perder su hogar. No quiero que ahora crean que viven encerrados.

Adrián aceptó mantener la seguridad en los accesos y traslados sin invadir las áreas familiares, aunque le costaba ceder. Cada vez que Victoria desaparecía de su vista recordaba el hospital, la cirugía y la facilidad con la que Daniel había construido una mentira alrededor de ellos.

Victoria comprendía su temor porque también lo sentía, pero no permitiría que Daniel controlara sus vidas desde la distancia. Si convertían la mansión en una prisión, él conseguiría lastimarlos sin necesidad de regresar.

Fernanda rindió su declaración esa tarde. Un abogado permaneció junto a ella mientras relataba el secuestro, la operación y la muerte de Marcos. Hablar le provocaba dolor, pero lo soportó hasta que las preguntas se volvieron incomodas.

—Daniel ordenó que me trasladaran después de que me negué a colaborar —explicó.

El investigador revisó sus notas.

—¿Colaborar con qué?

—Con donarle mi riñón a mi hermana.

—¿Iba a dejar que muriera?

—Si.

El silencio que siguió fue largo hasta que el detective volvió hablar.

—Después de la operación ¿Colaboró con él en algún momento?

—Nunca. Me mantuvo sedada y vigilada porque me negué a ayudarlo. Hasta que Marcos comenzó a bajar la dosis.

Fernanda respondió con firmeza porque esa parte era cierta. No había ayudado a Daniel ni participado en sus planes, aunque reconocer su inocencia frente a los actos de él no borraba las decisiones que había tomado por su cuenta.

—¿Por qué no aceptó donar el riñón a su hermana?

Fernanda tardó en responder.

—Prefiero no hablar de eso.

—¿Por qué?

La voz en su cabeza insistió en que tenía derecho a negarse. Sin embargo, su culpa no nacía únicamente de aquella negativa, sino de lo que hizo después.

—Estaba resentida con Victoria y no quería arriesgarme por ella.

—¿Daniel influyó en esa decisión?

—No. Fue mía.

Isabel, sentada cerca de la cama, se removió con incomodidad. Fernanda sintió el impulso de buscar su ayuda, aunque prefirió mantener la mirada sobre el investigador.

—¿También desconectó el equipo médico que mantenía estable a su hermana?

Fernanda apretó las manos sobre la manta.

—No recuerdo bien ese momento.

El abogado solicitó que suspendieran la entrevista debido a su cansancio. Isabel acomodó la manta sobre ella y le aseguró que ya había hecho suficiente.

—No necesitas obligarte a revivirlo todo ahora.

Fernanda asintió, agradecida por aquella salida. Hablar de Daniel resultaba sencillo porque era responsable de crímenes que nadie podía justificar; admitir que desconectó el equipo significaba reconocer que había estado dispuesta a matar a su hermana.

Victoria recibió una copia de la declaración y la leyó en silencio hasta llegar a la última pregunta.

—Está omitiendo lo que hizo —dijo.

Adrián apartó los archivos que revisaba.

—Tal vez todavía no pueda enfrentarlo.

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