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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 253

Fernanda fue ingresada de urgencias y con vigilancia en cada acceso. Los médicos confirmaron que la herida necesitaba tratamiento inmediato, además de encontrar señales de sedación prolongada, deshidratación y un deterioro que demostraba cuánto tiempo había permanecido sin atención adecuada.

Isabel esperó junto a la puerta hasta que le permitieron verla, incapaz de apartarse, aunque el personal médico le explicó que todavía no podía acercarse. Ernesto hablaba con los agentes, entregándoles la información obtenida en Italia y preguntando qué ocurriría con Daniel.

—Lo encontrarán —aseguró Adrián.

Victoria permanecía a pocos pasos, observando la habitación a través del cristal. Fernanda dormía, más pálida de lo que la recordaba después del coma, con vendas cubriendo parte de su cuerpo y cables conectados a varios monitores. Verla así despertaba una compasión que Victoria no quería confundir con perdón.

—No tienes que entrar —dijo Adrián.

—Lo sé.

—Podemos esperar hasta que estés preparada.

Victoria cruzó los brazos. No sabía qué significaba estar preparada para enfrentar a una hermana que se negó a salvarla y después terminó perdiendo un órgano para mantenerla viva. Una parte de ella deseaba abrazarla al comprobar que seguía con vida; otra todavía escuchaba las palabras con las que Fernanda había exigido recuperar a Adrián.

—Quiero escucharla.

Él no intentó detenerla. Entraron cuando el médico confirmó que Fernanda podía hablar durante unos minutos, aunque les advirtió que cualquier alteración podía empeorar su estado. Fernanda abrió los ojos al escucharlos. Miró primero a Victoria y después a Adrián, pero esta vez no hubo anhelo en sus ojos al reconocerlo.

—Recibiste la memoria.

—Sí —respondió Victoria.

—Había otra grabación conmigo.

Un agente levantó el dispositivo dentro de una bolsa transparente.

—Ya lo tenemos.

Fernanda intentó incorporarse, pero el dolor la obligó a detenerse.

—Daniel sabe de los niños.

Adrián se acercó a la cama.

—¿Qué sabe?

—Todo, planea utilizar la adopción para separarlos y obligar a Victoria a ir con él.

El miedo se instaló en el pecho de Victoria. Daniel ya no buscaba conquistarla ni convencerla; estaba dispuesto a utilizar a Camille y Mathis porque, dentro de su mente, ella le pertenecía.

—Los niños están protegidos —afirmó.

—Daniel siempre tiene a alguien cerca.

—Ya estamos revisando al personal —respondió Adrián.

Fernanda volvió el rostro hacia su hermana.

—No envié las pruebas para que me perdonaras.

—Me alegra.

La respuesta salió más dura de lo planeado, pero Victoria no quiso suavizarla. Durante demasiado tiempo había cedido para evitar conflictos y terminado cargando con culpas ajenas. Fernanda guardó silencio, como si entendiera que no tenía derecho a pedirle delicadeza.

—No puedo agradecértelo como si todo lo anterior hubiera desaparecido —continuó Victoria—. Desconectaste el equipo médico que me mantenía estable porque querías que muriera.

—Lo sé.

—Exigiste nuestro divorcio y una boda con Adrián. Después, Daniel te operó sin autorización y eso fue un crimen, pero no cambia lo que elegiste antes.

Los ojos de Fernanda se humedecieron, aunque esta vez no intentó utilizar las lágrimas para despertar compasión.

—No quiero cambiarlo. Quiero decir la verdad.

—Entonces tendrás que decirla completa, aunque nos lastime a ambas.

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