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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 258

El primer mensaje llegó cuando Victoria revisaba los planos de la casa hogar. No reconoció el número y estuvo a punto de ignorarlo, pero una fotografía apareció antes de que pudiera bloquearlo.

Adrián estaba inclinado junto a Élise y ambos parecían compartir una conversación que no deseaban que nadie escuchara.

Deberías preguntar por qué necesita verla a solas.

El pasado regresó con una facilidad que avergonzó a Victoria. Recordó las noches esperando a Adrián, las llamadas del hospital y la costumbre de no hacer preguntas porque cualquier respuesta confirmaba que Fernanda ocupaba un lugar más importante.

Una segunda fotografía mostró a Élise con el abrigo de Adrián sobre los hombros mientras él la observaba. Victoria amplió la imagen buscando algún detalle que desmintiera lo que insinuaba, aunque enseguida se reprochó aquella necesidad. Podía existir una explicación, pero también la había encontrado cada vez que intentó convencerse de que su matrimonio no estaba vacío.

Guardó el teléfono y volvió a los planos, aunque las líneas dejaron de tener sentido. Una parte de ella quería observar a Adrián en silencio hasta descubrir algún cambio en su comportamiento; otra le exigía marcharse antes de sentirse ingenua nuevamente. Ambas reacciones pertenecían a la mujer que había aprendido a sobrevivir aceptando verdades incompletas.

Se levantó. No permitiría que Daniel, Élise o cualquier otra persona construyera otra historia a su alrededor mientras ella esperaba las consecuencias.

Encontró a Adrián en el despacho con el investigador, quien explicaba que Daniel había utilizado una identidad falsa para abandonar la ciudad. Victoria esperó hasta que terminó y dejó el teléfono sobre la mesa.

—Recibí esto.

Adrián revisó las imágenes y su expresión pasó de la sorpresa a la molestia.

—¿Quién las envió?

—No lo sé.

—La primera fue tomada durante una reunión con los abogados franceses.

—Parece que están solos.

—Había seis personas alrededor de la mesa.

Victoria deslizó el dedo hacia la siguiente imagen.

—¿Y el abrigo?

—Salimos de una oficina. Élise dijo que tenía frío y se lo presté mientras el chofer acercaba el automóvil.

—¿Por qué no me lo contaste?

Adrián dejó el teléfono con cuidado.

—Porque no pensé que prestar un abrigo fuera importante.

La respuesta era razonable, pero Victoria sintió levantarse la defensa que durante años la protegió de sentirse humillada. Élise llevaba días cuestionando su lugar junto a los niños y ahora aparecía cerca de Adrián de maneras que parecían calculadas.

—Últimamente busca reunirse mucho contigo.

—Sí, por la adopción.

—También intenta convencerme de que solo ella sabe lo que Camille y Mathis necesitan.

Adrián se acercó sin invadir su espacio.

—¿Crees que existe algo entre nosotros?

Victoria deseó negarlo de inmediato, aunque la palabra no salió.

—Creo que alguien quiere que lo crea.

—No fue lo que pregunté.

Ella sostuvo su mirada. Mentir para parecer segura solo repetiría la distancia que intentaban superar.

—Durante unos minutos pensé que podía estar ocurriendo otra vez.

Adrián recibió la confesión sin molestarse.

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