Clara permaneció aferrada a la mano de Victoria mientras el médico avanzaba por el pasillo. Sus dedos estaban tan fríos que Victoria sintió el temblor atravesarle la piel. Adrián se levantó de inmediato, mientras Regina esperaba a pocos pasos, rígida, como si acercarse sin permiso pudiera convertir su preocupación en una intromisión.
—La alarma no provenía del quirófano de Eduardo —explicó el especialista—. El procedimiento continúa según lo esperado.
Clara cerró los ojos y sus piernas cedieron. Victoria alcanzó a sostenerla antes de que cayera y la ayudó a sentarse.
—¿Está bien? —preguntó Clara.
—Hasta ahora, sí. Les informaré cuando terminemos.
Cuando el médico se marchó, Clara soltó lentamente la mano de Victoria.
—Lo siento.
—No te disculpes por tener miedo.
—Ya no sé por qué cosas puedo pedir perdón y por cuáles no.
Victoria la observó. Había escuchado disculpas parecidas en boca de personas que no buscaban reparar el daño, sino librarse de la incomodidad de enfrentarlo. Sin embargo, en Clara percibía algo distinto: una mujer agotada, consciente de que salvar a su hijo no borraba las decisiones que había tomado.
—Empieza por no utilizar las disculpas para terminar conversaciones que todavía debes enfrentar.
Clara asintió y bajó la mirada. Regina dio un paso hacia ella, pero se detuvo. Victoria notó el movimiento. Aquella mujer, acostumbrada a juzgar a los demás desde la seguridad de su apellido y su posición, parecía no saber cómo acercarse a alguien con quien compartía algo tan sencillo y doloroso como el miedo de una madre.
El teléfono de Adrián sonó. Se apartó para responder y regresó minutos después con el semblante tenso.
—Los mensajes que entregó Clara permitieron identificar una cuenta utilizada para pagar a varios empleados del hospital. Encontraron a uno de los médicos cuando intentaba salir del país.
—¿El que operó a Fernanda? —preguntó Victoria.
—Si, él que participó en la extracción.
Clara se enderezó.
—Daniel hablaba con él desde antes de que la señora Victoria enfermara.
—¿Por qué no lo mencionaste? —preguntó Adrián.
—No conocía su nombre. Solo escuché su voz durante algunas llamadas. Daniel se encerraba para hablar, pero una vez dijo que necesitaba tener todo preparado antes de que fuera demasiado tarde.
Adrián llamó al investigador y pidió que revisaran nuevamente los teléfonos. No acusó a Clara de haber ocultado información, pero su tono le recordó a Victoria cuánto le costaba confiar cuando la seguridad de quienes amaba estaba en juego.
Horas después, el médico detenido aceptó declarar a cambio de protección. Adrián y Victoria participaron en la entrevista mediante una conexión segura desde una sala privada del hospital. Clara permaneció afuera con Regina.
El hombre evitaba mirar directamente a la cámara.
—La paciente llegó sedada —explicó—. Nos dijeron que existía autorización familiar.
—¿Vio el documento? —preguntó el investigador.
—Sí.
—¿Estaba firmado por Fernanda Altamirano?
—Tenía su huella.
Victoria sintió una presión bajo las costillas. Había imaginado muchas veces el momento en que Fernanda fue llevada hasta aquel lugar, pero escuchar los detalles volvía imposible mantenerlos a distancia.
—¿Estaba consciente cuando la colocaron? —preguntó.
El médico guardó silencio.
—Responda —ordenó Adrián.
—No.
—Entonces sabía que no podía autorizar nada.
—Daniel aseguró que ella había aceptado antes del traslado.
—Eso es mentira —dijo Victoria.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....