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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 266

El procedimiento de Eduardo fue programado para dos días después. Adrián se encargó de que la familia Montenegro cubriera todos los gastos, de modo que Clara no tuviera que solicitar autorizaciones ni presentarles comprobantes.

—Quiero que quede por escrito —dijo—. Nadie puede suspender el tratamiento por una decisión laboral.

El abogado tomó nota.

Victoria permanecía junto a la ventana del despacho. Había pasado gran parte de la noche pensando en Clara. No deseaba castigarla mediante Eduardo, pero tampoco quería que su ayuda pareciera una absolución comprada con dinero.

—Deberíamos hacer algo más —dijo.

Adrián levantó la mirada.

—¿Qué tienes en mente?

—Un fondo para emergencias médicas de los empleados. Clara acudió a Regina porque no tenía otra opción. Si existiera un proceso claro, Daniel no habría podido presentarse como su único salvador.

Regina estaba sentada frente a ellos. Recibió la observación sin defenderse.

—Yo debí ayudarla —admitió.

—Sí —respondió Victoria—, pero no quiero que el fondo dependa de la generosidad de una persona. Debe tener reglas, supervisión y criterios iguales para todos.

Adrián asintió.

—Lo estableceremos mediante una administración independiente.

—Quiero contribuir —dijo Regina.

Su hijo la miró con desconfianza.

—No tendrás autoridad para decidir quién recibe ayuda.

—Lo entiendo.

—Tampoco podrás utilizarlo como parte de la imagen de la fundación.

Regina aceptó ambas condiciones.

Horas después, Clara llegó al hospital con Eduardo. El niño intentaba parecer tranquilo, aunque no soltaba la mano de su madre. Victoria los esperaba en la recepción.

—No tenía que quedarse —dijo Clara.

—Quise hacerlo.

—Después de lo que hice…

—No conviertas cada gesto en una deuda.

Clara guardó silencio.

Victoria la llevó a una sala privada mientras preparaban al niño. Adrián permaneció cerca, atendiendo llamadas relacionadas con Daniel, pero se negó a marcharse.

—Puedo resolver esto sola —dijo Victoria.

—Lo sé.

—Entonces ¿por qué sigues aquí?

—Porque no tienes que resolverlo sola solo para demostrar que puedes.

La respuesta la desarmó. Durante años, Adrián confundió su capacidad para soportarlo todo con ausencia de necesidad. Ahora parecía comprender que acompañarla no significaba sustituir sus decisiones. El especialista pidió hablar con Clara antes de ingresar a Eduardo. Explicó los riesgos, el tiempo estimado y los cuidados posteriores.

—¿Quién autoriza el pago? —preguntó ella.

—El hospital ya recibió los recursos completos.

Clara miró a Adrián.

—Gracias. Haré lo que sea necesario para devolverlo.

Victoria intervino:

—No tienes que devolverlo.

—No puedo aceptar algo así sin…

—Eso es lo que Daniel quería que creyeras.

Clara dejó de hablar.

—Te ayudó y después convirtió cada pago en una orden —continuó Victoria—. Si ahora piensas que debes obedecernos porque atendimos a Eduardo, no aprendiste nada.

—No sé cómo recibir ayuda de otra manera.

—Entonces tendrás que aprender.

Clara bajó la mirada.

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