Fernanda inició la terapia en una sala del hospital destinada a pacientes con recuperaciones prolongadas. Caminaba despacio, midiendo cada paso, y todavía mantenía una mano cerca del costado. Los médicos insistían en que debía dejar de proteger la herida con cada movimiento, pero su cuerpo parecía recordar mejor que ella lo que le habían arrebatado.
La terapeuta se sentó frente a ella.
—¿De qué quiere hablar hoy?
—De Daniel.
—Llevamos tres sesiones hablando de él.
Fernanda se tensó.
—Me secuestró y ordenó que me operaran. ¿No le parece suficiente?
—Es verdad y tiene derecho a hablar de lo que sufrió. Sin embargo, evita responder cada vez que menciono a Victoria.
—No sé qué espera que diga.
—Lo que usted decidió antes de convertirse en víctima de Daniel.
Fernanda apartó la mirada. Hablar del secuestro le permitía colocar el dolor fuera de ella, atribuirlo a un hombre capaz de utilizarla mientras estaba inconsciente. Hablar de Victoria significaba aceptar que algunas heridas comenzaron antes de Daniel y que, en varias de ellas, no había sido la víctima.
—Me negué a donar —dijo.
—¿Por miedo a la cirugía?
—También.
—¿Qué otra razón tenía?
Fernanda apretó las manos sobre las piernas. Podía mentir, decir que no comprendía el peligro o que necesitaba tiempo. Sin embargo, estaba cansada de inventar explicaciones que la dejaran mejor parada ante los demás.
—No quería que sobreviviera y siguiera con Adrián.
La frase salió sin suavidad. Escucharla en voz alta le produjo vergüenza. No se parecía a una reacción desesperada, sino a una decisión que había protegido durante meses detrás de su miedo.
—¿Ama a Adrián? —preguntó la terapeuta.
—Creí que sí.
—Antes del accidente que la dejo en coma planeaba escapar con Marcos Salas.
—Eso fue diferente.
—¿Por qué?
Fernanda abrió la boca, pero no encontró una explicación que no sonara como otra evasión. Marcos había representado la libertad cuando casarse con Adrián comenzó a parecerle una obligación. Después, al despertar, Adrián se convirtió en aquello que necesitaba recuperar para demostrar que nada había cambiado durante su ausencia.
—Cuando desperté, quería recuperar mi vida.
—¿O quería recuperar la posición que tenía?
La pregunta le dolió.
—Victoria ocupó mi lugar.
—¿Adrián era un lugar?
Fernanda cerró los ojos. No. Adrián era un hombre a quien estuvo dispuesta a abandonar antes de la boda. Solo comenzó a desearlo con desesperación cuando comprendió que había aprendido a mirar a Victoria de una manera que nunca la había mirado a ella.
—No soportaba que la eligiera —admitió.
—¿Porque lo ama o porque durante años consideró que su hermana debía recibir menos que usted?
La rabia apareció de inmediato. Fernanda deseó levantarse y terminar la sesión, pero detrás de aquella emoción encontró una respuesta demasiado incómoda para seguir ignorándola.
—Mis padres siempre me elegían.
—Y esperaba que Adrián hiciera lo mismo.
—Sí.
—¿Qué siente ahora que Victoria está formando una familia con él?
Fernanda pensó en Camille y Mathis, los niños de los que le conto Marcos antes de morir.
—Celos.
—¿De los niños?
—De que ella tenga una vida donde yo no soy importante.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....