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¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía romance Capítulo 12

Lisandro aprovechó la oportunidad para presentar a la hermosa mujer a su lado:

—Académico Vargas, ella es Yara, la doctora Lozano, miembro del equipo de investigación de Fotolitografía Avanzada en TecnoNúcleo.

Después de que ambos se saludaran formalmente, el veterano comenzó a elogiarla:

—Es increíble que la doctora Lozano haya logrado tanto a una edad tan joven. Me han dicho que sus aportes han sido fundamentales. Si no fuera por ella, nos habría tomado un par de años más hacer historia en este campo.

—Me halaga demasiado —respondió Yara con una sonrisa modesta—. Todo es fruto del esfuerzo del equipo.

—Mírenla nada más, hermosa, brillante y humilde —dijo el veterano, levantando el pulgar en señal de aprobación.

—Oiga, para la evaluación nacional de fin de año, ¿sabe si la doctora Lozano ya está nominada? —le preguntó el hombre a Francisco—. Usted es el jefe del comité de evaluación, no puede dejar pasar a una candidata tan excepcional.

Al escuchar esto, Yara sonrió con confianza y se ofreció:

—Académico Vargas, de verdad espero tener la oportunidad de recibir sus sabios consejos.

Francisco la observó con una sonrisa que no le llegó a los ojos. Cuando el silencio ya empezaba a volverse incómodo, respondió sin prisa:

—Se excede en sus palabras. TecnoNúcleo siempre se ha caracterizado por su desarrollo independiente. Si de aprender se trata, soy yo quien trae a mis alumnos para que aprendan de ustedes.

La respuesta fue diplomática, pero dejó a Yara en una posición tan incómoda que no pudo disimularlo; su sonrisa se volvió rígida.

—El Académico Vargas es muy modesto —intervino Lisandro con una sonrisa elegante, tratando de suavizar el ambiente—. Seguro que el comité tiene un proceso de selección sumamente riguroso.

—Es un honor nacional —replicó Francisco—. Además de la capacidad técnica, la integridad moral también debe estar a la altura.

La indirecta fue demasiado evidente, y tanto Lisandro como Yara se quedaron pasmados.

Alguien intentó salvar la situación:

—El Académico Vargas siempre ha tenido estándares altísimos. Recuerdo que, aparte de aquella jovencita prodigio, nadie más ha logrado impresionarlo tan fácilmente.

Francisco dejó escapar una risa fría:

—Mi alumna sí tenía un talento excepcional, lástima que le fallara la vista. Confundió la basura con oro y terminó arruinando su propia carrera.

Al terminar la frase, clavó una mirada fulminante en Lisandro.

Aunque Lisandro era joven, había crecido en este tipo de ambientes y era perfectamente capaz de identificar la hostilidad.

Sin borrar la sonrisa de su rostro, forzó el rumbo de la conversación:

—Me pregunto si esa brillante alumna suya habrá venido hoy. Me encantaría conocerla, para que podamos apoyarnos en el futuro. En TecnoNúcleo tenemos muchos proyectos que urgen de talento.

Francisco curvó los labios con sarcasmo.

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