Yara esbozó una sonrisa deslumbrante.
Bajo la mirada atenta de todos, Julián Rojas entró al salón con una sonrisa afable, irradiando una presencia elegante que imponía respeto al instante.
El director ejecutivo de TecnoNúcleo se acercó a paso rápido junto con varios altos mandos para recibirlo.
La multitud comenzó a murmurar con reverencia Señor Rojas, abriéndole paso casi de manera automática.
Los medios se arremolinaron, pero nadie se atrevió a levantar las cámaras sin permiso, quedándose disciplinadamente a los lados.
Lisandro siempre había visto a Julián Rojas como un modelo a seguir.
A este protector de Yara —el actual presidente de la Corporación Águila— lo conocía desde que era un niño.
Por árbol genealógico, Julián era tío de Yara, aunque solo les llevaba unos cuantos años, y siempre había sido en extremo consentidor con su sobrina.
También solía tener consideraciones especiales con Lisandro.
Yara lo llamaba Tío Julián, pero en el día a día se trataban más bien como hermanos.
En cuanto al otro protector...
Desde que tenía memoria, con solo escuchar su nombre, a Lisandro se le helaba la sangre.
Era mejor que ese hombre no apareciera, así se ahorraba el dolor de cabeza de tener que lidiar con él.
—Voy para allá —le dijo Yara a Lisandro con una sonrisa.
Él asintió:
—Ve, aquí te espero.
Radiante, Yara pasó por entre los ejecutivos y, con total naturalidad, se colgó del brazo de Julián, demostrando sin palabras su relación privilegiada con la Corporación Águila.
—Tío Julián, te estuve esperando todo el rato —dijo Yara sonriendo, mientras estiraba el cuello hacia la puerta—. ¿Y él?
—Se fue antes de que terminara la rueda de prensa —le respondió Julián en voz baja, mirándola con puro cariño.
Al escuchar eso, Yara no pudo ocultar su decepción:
—El trabajo siempre es más importante que yo.
Julián le sonrió con ternura:
—Seguramente tuvo alguna emergencia. Sigue esforzándote, que todavía queda mucho trabajo pesado en este proyecto.
—No te preocupes, tío, así lo haré —asintió Yara.

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