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¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía romance Capítulo 15

La rabia se apoderó de Francisco.

—¿Qué se cree ese infeliz para que dejaras todo tirado y arruinaras tu propio futuro por él?

Alana se mordió el labio inferior con fuerza; tenía los ojos tan rojos que parecían a punto de sangrar.

—¡Te pisotearon de esa manera y ni siquiera te defendiste! ¿Dónde quedó tu carácter? Si vas a ser tan cobarde, entonces lárgate lo más lejos posible, aléjate de todo este cochinero —gritó Francisco, temblando de coraje.

—¡Papá! —rugió Axel, sin poder contenerse—. Te estás pasando de la raya.

Se dio la vuelta y abrazó a Alana.

—No te preocupes. Si tú te vas, yo me voy contigo.

Las lágrimas brotaron de los ojos de Alana; todo el dolor y la humillación que había guardado en su pecho estallaron sin control.

—Profesor, por favor, no me corra. Le juro que ya entendí mi error —sollozó, como una niña desamparada.

—Fuera de ustedes, de verdad que no me queda nadie. No me corra, se lo suplico. Le prometo que me operaré y saldré bien. Quiero volver a investigar. Quiero que vuelva a sentirse orgulloso de mí.

Francisco se quedó plantado, mirándola con el corazón destrozado, con el rostro empapado en lágrimas.

Sin aguantar más, abrió los brazos y la envolvió en un abrazo, dándole palmaditas en la espalda.

—Tú siempre has sido mi mayor orgullo, eso nunca ha cambiado. Es que me duele... me duele el alma verte así, ¿no lo entiendes?

Alana dejó de hacerse la fuerte y se aferró al pecho de su maestro, llorando a gritos, soltando toda la culpa que había cargado durante tres largos años.

Ya tarde en la noche.

Apoyada en la cabecera de la cama, sentía una paz que no había experimentado en mucho tiempo.

Tener la muerte anunciada era aterrador y devastador, sí, pero también le había inyectado una fuerza distinta.

Decidió tomarlo como un reinicio absoluto.

Dejaría de lamentarse por su mala suerte y viviría al máximo cada día que le quedara.

Y lo más importante: iba a vivir por y para ella misma.

Giró la cabeza y vio la gabardina descansando a los pies de la cama; aún no decidía si tirarla a la basura o no.

La colgó en el clóset y, por costumbre, revisó los bolsillos.

Al sentir algo adentro, lo sacó para verlo. Era un prendedor redondo de jade negro.

Era obvio que se trataba de una antigüedad de muchísimo valor; la piedra tenía tallada la figura de un dragón volador que parecía cobrar vida.

El rostro de aquel hombre volvió a cruzarse por su mente. Supuso que esa joya le pertenecía a él, así que buscó una cajita y la guardó con cuidado.

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