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Dr. Arrogante me convertí en la madre de su hijo romance Capítulo 22

Andruw Di´Marco.

El rugido furioso del motor era lo único que lograba perturbar el silencio de la carretera. El sol había comenzado a descender mientras me dirigía a mi encuentro con Melissa.

Pero mi atención no estaba en el paisaje borroso que quedaba detrás.

«Dile a Scarlett que cuide bien de su hijo, Liam, ¿no? Porque yo no fui el primero que intentó cobrar por ella. Y tampoco seré el último»

La voz del hombre resonaba en mi cabeza como un mantra maldito. Incluso muerto, ese imbécil seguía perturbándome, el inmundo veneno de sus palabras filtrándose en mis pensamientos.

«Un árabe… Ali… Ali algo»

¿Quién carajo era ese hombre?

Apreté el volante con tanta fuerza que mis nudillos blanquearon. La pregunta martillándome la cabeza mientras mis dientes rechinaban al pensar en el terror que había visto en los ojos de Scarlett. El miedo puro y paralizante de quien sabe que puede perderlo todo en un segundo.

Me sentía jodidamente inútil, porque sabía, sabía que, aunque el maldito atacante estuviera muerto, la amenaza no dejaba de cernirse sobre lo que amaba.

Mi cabeza comenzaba a palpitar, mientras mis pensamientos se arremolinaban. Porque mi instinto me decía a gritos que algo no cuadraba.

El nombre de Ali no me decía nada, era simplemente un callejón sin salida al que pretendía que corriera.

Era simplemente un espejismo empleado para que, en medio de mi rabia, me dirigiera hacia él y no pudiera ver lo que realmente importaba.

«Piensa, Andruw. Piensa»

Me dije a mi mismo mientras las palabras que Scarlett me había gritado se abrían paso en mi cabeza.

«¡Porque tienes esposa!»

Había dicho, con una seguridad que hacía temblar. Y eso era suficiente para disparar mis alarmas. Porque Melissa había ido a verla. Porque Melissa sabía dónde vivía, sabía de Liam. Y fue a visitarlos justo el mismo día que un sicario intenta matarlos.

¿Coincidencia?

No lo creo.

Mi instinto gritaba que, de una forma u otra, Melissa estaba detrás de todo este asqueroso rompecabezas.

Pisé el acelerador a fondo. El motor rugió con una nueva fuerza, como si respondiera a mi furia apenas contenida. Los semáforos se convirtieron en meros objetos decorativos atravesados en mi camino mientras avanzaba, porque no iba a detenerme. No hasta tener a Melissa frente a mí. No hasta arrancarle la verdad con mis propias manos.

Mire el GPS. Marcaba solo diez minutos hasta la casa de Melissa, esa que en algún momento también había sido mi hogar.

Diez minutos para organizar mis pensamientos. Para descubrir qué demonios se me estaba escapando.

— Yo quiero jugar con el tío Andruw — demando el niño.

— Luego cariño. La tía Meli y el tío Andruw tienen mucho de qué hablar — respondió Erika, la madre de Melissa, mientras extendía la mano hacia su nieto.

— Ve cariño. Te prometo que pronto tendrás un primito con el que jugar — prometió mi ex esposa mientras se abrazaba a mi brazo, como si nada hubiese cambiado entre nosotros. Contuve el impulso de quitármela de encima.

«No frente a los niños»

Ordenó esa voz de racional que permanecía sepultada en algún lugar de mi cabeza. El niño corrió emocionado ante la promesa de pronto tener un primito con el que jugar, como si un bebé fuera un jodido juguete que se podía obtener cuando quisiera.

No dije nada. Mantuve mi mirada severa sobre Melissa. Y ella, o era muy buena actriz para fingir esta normalidad, o era realmente tan estúpida que creía que estaba aquí para algo más que una advertencia.

Nos encaminamos en completo silencio hasta el que en antaño era mi despacho, ubicado en la planta inferior. Fui el primer en ingresar, Melissa se tomó un segundo más de lo necesario para cerrar la puerta, dándome la espalda mientras decía:

— De haber sabido que por fin vendrías, me hubiese asegurado de que mis padres y hermanos no estuvieran — su voz mantenía un matiz de alegría repugnante. Y cuando por fin el suave clip del seguro de la puerta resonó, Melissa se giró para mirarme.

Antes de que ella pudiera procesar lo que estaba pasando, una de mis manos ya había volado hasta su cuello, aprisionándola mientras la acorralaba contra la puerta. Un jadeo ahogado escapo de sus labios mientras sus manos viajaban hasta la mia, intentando y fallando, aflojar mi agarre.

— Vas a decirme que m****a estabas pensando cuando fuiste a buscar a Scarlett — demandé.

Y, por primera vez en años, Melissa me miro con horror, como si por fin entendiera a qué tipo de demonio se estaba enfrentando.

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