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Dr. Arrogante me convertí en la madre de su hijo romance Capítulo 37

Scarlett Valenti.

Los latidos de mi corazón ni siquiera se habían calmado cuando el eco de la puerta cerrándose detrás de Andruw resonó en el despacho, mezclándose con los jadeos que aún escapaban de mi boca.

Sentía que las piernas aún me temblaban, prueba irrefutable del increíble orgasmo que este hombre acababa de provocarme.

«Dios mío»

Intenté ponerme de pie, acomodar mi postura y aparentar normalidad para abandonar este lugar, no pude hacerlo. Solo pude aferrarme a la madera del escritorio como si este fuera mi única ancla en medio de un mar embravecido.

Un suspiro pesado, cargado de satisfacción, escapó de mi garganta sin poder controlarlo. Podría decir que este había sido el mejor orgasmo de mi vida, de no ser porque los primeros orgasmos que había sentido en mi existencia también habían sido provocados por este mismo hombre. ¿Acaso podía superarse a sí mismo? Quería pensar que era imposible, pero lo que acababa de vivir me gritaba todo lo contrario.

Tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para lograr alejarme del escritorio y acomodar mi vestido mientras intentaba que los latidos de mi corazón adoptaran un ritmo más regular.

No tenía que verme en un espejo para imaginar el estado en que me encontraba: sonrojada, jadeante y con ese brillo post sexo que grita a miles de kilómetros que acabas de tener el mejor encuentro de su vida.

Aun podía sentir la humedad entre mis piernas, y el solo recordar que Andruw había robado mi ropa interior me hacía sonrojar aún más. ¿Cómo diablos iba a regresar a la fiesta así? No podía creer lo sinvergüenza que había sido al robarme mi ropa interior. Recordé ese guiño descarado, esa sonrisa arrogante. ¡Nada más le faltó decirme que este sería nuestro pequeño y sucio secretito! ¡Por amor de Dios!

Respiré profundo. Una, dos, tres veces. Necesitaba aparentar una normalidad que estaba muy lejos de sentir, sabía que nadie en ese salón podía sospechar lo que acababa de ocurrir en este lugar. ¡Eso sería muy vergonzoso!

Cuando creí estar lista, abrí la puerta y salí del despacho, cerrando la puerta detrás de mí con delicadeza, como si temiera que hasta los muros pudieran ser testigos de mi escape. Mi corazón dio un vuelco cuando, al girarme, choqué con una figura femenina ligeramente más alta que yo.

Sentí las manos de Elizabeth posarse sobre mis brazos, evitando que perdiera el equilibrio ante el estruendoso golpe que acabábamos de darnos.

— Scarlett.

La escuché pronunciar mi nombre, su mirada se clavó en mí y, en ese momento, no pude hacer más que sentirme como una adolescente que acababa de ser pillada con las manos en la masa por su madre.

— ¿Estás bien? — preguntó, y no pude evitar sentir culpa al ver la preocupación brillando en su mirada.

— Sí, estoy bien — respondí, mi voz saliendo mucho más baja de lo que pretendía.

Elizabeth me observó por lo que se sintió una eternidad. Sentí como si sus ojos color miel pudieran atravesarme hasta encontrar mi alma, vislumbrando todos mis pecados que, aunque no eran muchos, sí quería que permanecieran ocultos en el rincón más profundo de mi consciencia.

— ¿Estás segura? Estás muy roja. ¿Acaso Andruw te hizo algo? — siguió con sus interrogantes mientras sus manos se posaban en mis mejillas y me impedía desviar la mirada.

— Estoy bien, Elizabeth — repetí. Esta vez mi tono fue más firme — solo estábamos firmando el reconocimiento de paternidad de Liam y… discutiendo algunos términos de nuestro contrato.

Con solo mencionar el contrato, todo lo que Andruw acababa de hacerme se repitió en mi cabeza como si alguien le hubiese dado play a uno de esos videos para adultos que abundan en internet. Mi corazón dio un vuelco ante el recuerdo y, aunque parecía imposible, mis mejillas ardieron aún más.

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