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Dr. Arrogante me convertí en la madre de su hijo romance Capítulo 7

Andruw Di´Marco.

Tenía a la pequeña mentirosa justo como quería: Temblando. Expuesta. Vulnerable.

La muy descarada se había atrevido a mentirme en mi cara, negándome a mi hijo sin importarle las consecuencias.

Me miró a los ojos, siendo capaz de sostenerme la mirada mientras sus manos se posaban en mi pecho, quizás con la intención de empujarme. No fue capaz de hacerlo. En su lugar una nueva vulnerabilidad ilumino su mirada, haciéndola ver como la niña indefensa que en el fondo era.

Mi corazón, rebelde, dio un vuelco ante esta imagen de aparente vulnerabilidad. Y, de pronto, su tacto sobre mi piel pareció quemar.

La devore con la mirada por un minuto entero, porque si, eso estaba haciendo: devorar su inocencia, su cordura, deseando diseccionar hasta su alma, tal como ella había hecho durante estos 15 meses en los que su ausencia fue capaz de enloquecerme.

Noté como su labio inferior temblaba, como sus pestañas revoloteaban por una fracción de segundo. Y cuando sus labios se entreabrieron, pronunciando mi nombre en un susurro apenas audible, me alejé.

No por miedo, no por desconfianza, al menos no hacia ella. Sino porque, en mi interior, una nueva bestia parecía haber comenzado a rugir. Una bestia hambrienta, capaz de devorarla si no ponía un poco de distancia entre nosotros.

Me tomó solo una fracción de segundo recuperar el control. Entonces, hablé:

— No tienes que responderme algo que ya se — aseguré, pasando una de mis manos por mi cabello, peinándolo hacia atrás — tu puedes irte cuando quieras, pero Liam se queda. Aquí, conmigo.

Ella pestañeo un par de veces. Y gritó, como si de pronto despertara de su letargo.

— ¡Eso es secuestro!

Avanzó un paso, aparentemente lista para enfrentarme, demostrando una valentía que parecía inexistente hasta ahora, esa que solo demuestran las madres cuando saben que necesitan proteger a sus hijos.

— Usted no puede alejarme de mi hijo — contraatacó.

— ¿Y tú si puedes hacerlo? ¿Alejarme a mí de mi hijo? — sonreí, cruzándome de brazos con toda la arrogancia que podía poseer. Su indignación aumento.

— ¡Es totalmente diferente! ¡Él nació de mí! ¡Lo he cuidado y protegido desde el momento uno en que supe de su existencia! — me señaló con un dedo acusador — en cambio usted…

Sus ojos resplandecieron con algo que solo podía ser rabia contenida. En un impulso, la sujete de la muñeca, molesto por la forma despectiva en la que me señalaba. Sin pensarlo la atraje hacia mí. Scarlett chocó de lleno contra mi pecho.

— ¿Yo que? — pregunté, mientras mi brazo libre rodeaba su cintura, manteniéndola sujeta en su lugar — no hay nada negativo que puedas decir de mí y de mi paternidad. Llevas al menos 14 meses ocultándome la existencia de mi hijo. Manteniéndome en las sombras, lejos de él, y no pienso permitir que lo sigas haciendo.

Vi como apretó los labios, formando una línea severa. Mi sonrisa se ensanchó, sabiendo que la estaba dejando sin argumentos.

— Tres: puedo solicitar la custodia total de Liam. Alegando que no eres “apta” para cuidarlo. No tienes un empleo estable, vives en un cuarto de alquiler. Mientras que yo tengo los recursos suficientes para darle una vida digna al pequeño.

Note como apretó sus manos en puño, como tragaba grueso, quizás intentando disipar un poco de la impotencia que debía estar sintiendo en este momento, pero no fue capaz de pronunciar palabra alguna.

— Cuatro: ocultación dolosa de la paternidad. Tuviste 14 meses para informarme de la existencia de Liam y decidiste no hacerlo. Privándome de mi derecho a la paternidad y privando al niño de su derecho de ser cuidado por su padre. Mañana mismo puedo ir a darle mi apellido a Liam o puedo ir directo con mi abogado a entablar una demanda formal ante un juez. Tú decides, Scarlett.

La duda brilló en sus ojos mientras me miraba con desprecio. Casi podía ver los engranajes de su cabeza moviéndose mientras analizaba los pros y los contras de enfrentarse a mí. Ella sabía, tan bien como yo, que yo tenía todas las de ganar. No solo por tener la razón, sino porque el peso de mi apellido era capaz de aplastarla con facilidad.

Fue consciente del segundo exacto en que hizo su elección. Algo, muy sutil, cambio en su mirada. Quizás era la determinación de una madre capaz de hacer cualquier cosa por el bienestar de su hijo.

— Bien — su expresión, su voz, todo en ella se endureció — usted gana. Lo admito, Liam es su hijo, ahora dígame ¿Qué sigue? ¿Qué tengo que hacer para evitarle ese tormento a mi pequeño?

Una enorme sonrisa de satisfacción surcó mis labios. La mire con la misma intensidad con la que un depredador mira a su presa. Corte la distancia entre nosotros y, esta vez, ella no retrocedió, en su lugar, levanto la barbilla, sosteniéndome la mirada en una clara declaración de guerra.

— Convertirte en mi esposa, Scarlett. Eso tienes que hacer — solté. Deseando ver hasta donde llegaría su valentía. Preguntándome: ¿Hasta qué punto sería capaz de ceder por el bienestar de nuestro hijo?

Estaba a punto de averiguarlo.

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