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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 132

Capítulo 132 A Vanessa le ardió la cara, entre avergonzada y tímida.

Qué vergüenza.

Al veria tan apenada, Rafael se rio.

—Ya, no te molesto más. Mejor come. Fue un día largo, así que cena, date un baño y descansa un rato.

Su trato era tan tierno como de costumbre, al punto de que Vanessa casi olvidaba lo indiferente que solía ser en el pasado.

—Está bien. —Vanessa asintió, dócil.

En serio le hacía falta un buen descanso.

*** Esa noche, Vanessa se durmió temprano y profundamente.

Recién se despertó hasta el mediodía del día siguiente.

Al bajar, Juana le sirvió un caldo nutritivo, siguiendo las instrucciones de Rafael.

La empleada le sonrió de oreja a oreja.

—El señor la trata de maravilla, señora. Es la envidia de cualquiera. De verlos, hasta a mí, a mi edad, me dan ganas de tener novio.

Vanessa se rio.

—Ay, doña Juana, qué cosas dice.

Juana le habló con sinceridad:

—No se lo digo en broma. Es la primera vez que veo al señor tratar tan bonito a una mujer. Me acuerdo de cuando él todavía vivía en la casa de los Cisneros; siempre fue muy indiferente con la señorita Natalia. Y eso que es su hermana, pero ni ella recibía esos tratos.

Juana había trabajado mucho tiempo en la residencia de los Cisneros, así que conocía muy bien cómo eran las cosas por allá.

Sin embargo, Vanessa prefirió no darle tantas vueltas al tema con ella.

A fin de cuentas, Juana solo veía lo de afuera.

Rafael, de hecho, se portaba muy bien con ella, demasiado bien...

Pero quizá solo la cuidaba tanto por mera responsabilidad de esposos.

Qué lástima que todo se resumiera a eso.

No había amor.

Su ánimo decayó por un instante, pero prefirió no seguir insistiendo.

Cuando terminó de comer, recibió una llamada de Yolanda.

—En un par de días es la fiesta de cumpleaños de la señora Magdalena. Vas a acompañarme.

Habló con un tono inexpresivo, sonando más bien como si estuviera dando una orden.

Vanessa la rechazó sin dudarlo.

—Estaré ocupada, así que no podré ir.

Como si ya se esperara esa respuesta, Yolanda se rio con burla.

—¿No te urgía cancelar el compromiso y deshacerte de mi hijo? Pues esta es tu oportunidad.

Vanessa ni siquiera tuvo tiempo de responder, porque él se apresuró a darle explicaciones.

—El equipo del señor Galván llegó desde la capital.

Seguiremos con las negociaciones del proyecto de energía limpia por unos días más, pero ya casi cerramos el trato. Te prometo que en cuanto terminemos, voy a llegar temprano para estar contigo.

Hablaba con un tono de voz tan grave y suave que lograba transmitir una gran tranquilidad.

Vanessa se quedó sorprendida.

Jamás se le ocurriría intentar controlarlo. A fin de cuentas, era el director general del grupo; lo más normal del mundo era que estuviera tapado de trabajo.

Lo que no se esperaba era que él sintiera la necesidad de darle tantas explicaciones por cuenta propia.

Con esos detalles, estaba demostrando ser mucho más que solo un esposo en papel.

—¿Pasa algo?

Al notar que se había quedado callada, Rafael le tocó la frente, un poco preocupado.

—¿Te sientes mal?

Vanessa sintió una calidez. Agarró la mano de su esposo y lo miró a los ojos.

—Rafael... ¿Por qué eres tan lindo conmigo?

De pronto, le ganó su lado travieso y decidió jugar un poco con él.

—A ver, confiesa... ¿Ya te gustaba desde hace tiempo y nada más estabas buscando un pretexto para acercarte?

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