Capítulo 148 Alexis la alcanzó en la puerta. Tomó la mano de Vanessa, abrió su palma, se inclinó para apoyar el mentón en ella y forzó una sonrisa que parecía más bien una mueca de dolor.
—Vane, me entrego a ti... ¿Te acuerdas, Vanessa?
Tú me dijiste que, si alguna vez te enojabas, con solo decirte esto me perdonarías. Vanessa, no te vayas —suplicó Alexis con voz temblorosa—. No cancelemos el compromiso, ¿sí?
En ese momento, Rafael también salió de la casa.
Su figura alta y esbelta proyectaba una elegancia innegable y una gran serenidad. Observó a la pareja en silencio, con aquellos ojos oscuros.
En el fondo de su mirada se ocultaba una emoción indescifrable.
Vanessa observó a Alexis, cuya expresión intentaba complacerla con desesperación.
Por un instante, se sintió desorientada.
Pero enseguida le pareció absurdo.
En el pasado, había amado a Alexis con toda su alma, rebajándose hasta lo más bajo, solo para que él la despreciara y la pisoteara.
Verlo en esa actitud ahora solo le causaba gracia y lástima.
—Alexis, ¿no crees que ya es demasiado tarde para esto? —Retiró la mano y sonrió con amargura.
—Claro que no, Vanessa. —Alexis entró en pánico y negó—. Si tan solo nos das la oportunidad de empezar de nuevo, te juro que te trataré bien. Me equivoqué. No tenía idea de que eso había pasado hace tres años...
Alexis estaba desesperado por explicarse e intentó tomarla de la mano otra vez, pero ella dio un paso atrás para esquivarlo.
—No se trata de eso. Ya nada de eso importa. El problema es que nunca creíste en mí—dijo Vanessa, mirándolo con indiferencia—. Soporté de todo porque te amaba. Pero ahora ya no te amo.
¿Me escuchaste? Ya no te amo.
Vanessa habló con claridad y serenidad, pero sus palabras atravesaron el corazón de Alexis con brutalidad, Ilenándolo de miedo y desesperación.
—No, Vanessa, esto no es lo que quiero... — balbuceó él.
—Ese no es mi problema.
Tras soltar esa última frase con indiferencia, Vanessa se dio la media vuelta y se alejó.
La luz proyectaba su sombra sobre el suelo, estirándola cada vez más, dándole un aura de independencia y altivez.
Esa frase se clavó en los oídos de Alexis de forma implacable. Aunque ella lo había dicho en voz baja, el rechazo había sido fulminante.
A tiempo para presenciar el enfrentamiento entre los dos hermanos. Sin embargo, apartó la mirada con tranquilidad y no volvió a mirar hacia allá.
Después de esa noche, ya no sería la misma de siempre. Dejaría de ser la niña ingenua de la que todos se burlaban por arrastrarse detrás de Alexis.
De ahora en adelante, ella sería Vanessa.
Solo Vanessa.
Un momento después, Rafael abordó el auto por el otro lado.
—Vamos. —Rafael extendió la mano y cubrió la de ella, que descansaba sobre su regazo.
—Si. —Vanessa asintió con docilidad y sonrió levemente.
Poco después, el lujoso auto se puso en marcha y se alejó lentamente en medio de la oscuridad de la noche, moviéndose con la imponente elegancia de un depredador.
La pintura de la carrocería brillaba bajo las luces de la calle con un acabado impecable, y la placa especial dejaba en claro el estatus y el inmenso poder de su dueño.
Mientras tanto, Alexis vio con sus propios ojos cómo Vanessa se marchaba en el auto de Rafael.
Un resentimiento echó raíces en su interior, consumiéndolo.

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