Capítulo 147 Yolanda sintió angustia y apretó las manos con fuerza.
—¿La proteges tanto porque tienes otras intenciones con ella? —cuestionó.
—¿Y si las tuviera, a ti qué te importa? —respondió Rafael con una actitud inalterable y una mirada tan intimidante que imponía respeto a cualquiera.
Yolanda se quedó sin respuesta.
Jamás debió permitir que Natalia hiciera lo que le diera la gana.
Y ahora todo había terminado en aquel desastre.
De pronto, alguien entre los presentes alzó la voz:
—¿No decían que Vanessa había seducido a Rafael? ¿Es verdad o no?
—Señora Cisneros, ¿es cierto que Vanessa canceló su compromiso con Alexis?
Todas esas personas pertenecían a la élite y gozaban de gran prestigio en su círculo social.
Vanessa observaba a Yolanda en silencio, curiosa por escuchar qué iba a responder.
Al notar que la observaban, Yolanda le sostuvo la mirada.
Durante unos instantes, ambas se enfrentaron en silencio.
Yolanda la miraba como si quisiera devorarla viva; sus ojos reflejaban odio.
Apretó las manos con tal fuerza que llegó a lastimarse, pero después de unos largos segundos logró recuperar la compostura.
Cerró los ojos como si aceptara la derrota y volvió a abrirlos.
—Así es, el compromiso se canceló de manera definitiva —declaró.
Alexis sintió que el mundo se le venía encima; el impacto de aquellas palabras fue tan fuerte que un dolor intenso le atravesó el pecho y lo hizo temblar.
—¡No, me niego a cancelar el compromiso! — exclamó él con voz temblorosa.
—Los documentos ya están firmados, así que deja de hacer un escándalo —lo reprendió Yolanda—.
De ahora en adelante, sin importar con quién decida casarse Vanessa, ya no es asunto tuyo.
La cara de Alexis perdió todo su color.
Vanessa sonrió de satisfacción y los observó a todos con altivez.
Durante todos estos años, Alexis siempre fue un caballero contigo y jamás te faltó al respeto. ¿Con qué derecho te atreves a tratarlo de esta manera?
Además, ni siquiera está comprobado que esos videos sean reales. Te sugiero que no seas tan arrogante.
Vanessa se volvió hacia ella y le dedicó una sonrisa radiante.
—Solo le arrojé un poco de vino, ¿y ya se le parte el corazón, señora? No lo he golpeado, ni tampoco lo he obligado a que me pida perdón de rodillas. En comparación con todo lo que él me hizo, esto no es absolutamente nada.
Vanessa dejó la copa vacía sobre una mesa, dio media vuelta y comenzó a alejarse.
Caminaba con la espalda erguida, como si ninguna adversidad pudiera doblegarla. Emanaba una seguridad y un porte inquebrantables.
Una seguridad que solo la heredera de los León podía poseer.
Se sentía de maravilla.
Por fin había roto aquel compromiso; había terminado con Alexis de una vez por todas.
Sin embargo, al verla alejarse, Alexis experimentó una angustia insoportable. Corrió tras ella.
—¡Vanessa! —gritó con desesperación.

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