—A ver, inténtalo —lo retó Rafael con indiferencia.
—Solo bromeaba —se excusó Leonardo, acobardándose—. En serio que no me lo esperaba, ¡no me lo esperaba para nada! —añadió, con una sonrisa nerviosa—. Todos estos años te mantuviste alejado de cualquier mujer, ni siquiera te atreviste a tocarle la mano a una, y resulta que todo era por ella.
Al escuchar la genuina sorpresa de su amigo, Rafael entrecerró un poco los ojos.
—Ninguna otra mujer se compara con ella — sentenció con voz firme—. No merecen que las toque.
*** Vanessa durmió de corrido hasta el mediodía siguiente. Descansó de maravilla.
Para entonces, Rafael ya se había ido a la oficina.
Sin embargo, no olvidó pedirle a Juana que cuidara muy bien de su alimentación.
—El señor Rafael es un hombre maravillosocomentó Juana con una gran sonrisa—. Todos los días me pide específicamente que le prepare comida nutritiva, como si tuviera miedo de que se me vaya a olvidar.
Mientras Vanessa terminaba su desayuno y daba un sorbo a su jugo verde, escuchó los halagos de Juana hacia su esposo y no pudo evitar sentirse afortunada.
—Sí, es muy atento. —Sonrió al darle la razón.
Sabía que todos esos detalles nacían únicamente del gran sentido de responsabilidad y la amabilidad natural de Rafael.
Pero si de todos modos tenía que casarse con alguien, terminar como la esposa de un sujeto como él era ganarse la lotería.
Hombres sobraban en el mundo.
Pero encontrar a uno tan apuesto, adinerado, considerado y responsable como Rafael, era un golpe de suerte que solo pasaba una vez en la vida.
*** Vanessa pasó toda la mañana viendo series cortas en su celular, hasta que escuchó algo de movimiento en la planta baja.
Salió de la habitación y, al asomarse por el pasillo de la escalera, vio a Juana guiando al asistente Medina hacia donde ella estaba.
—Señora, esta es la llave del estudio que el señor Rafael mandó a preparar para usted —anunció Ricardo, mostrándole una sonrisa amable y una actitud muy respetuosa.
El trato de este individuo, comparado con el del asistente de Alexis, era como el día y la noche.
En el pasado, cada vez que el asistente Navarro la veía, la trataba con desprecio y arrogancia.
Y aunque a Vanessa le molestaba muchísimo, siempre terminaba soportándolo y mordiéndose la lengua por miedo a hacer enojar a Alexis.
Solo hasta ahora comprendía que la actitud del asistente Navarro era un simple reflejo de lo poco que ella le importaba a Alexis, quien nunca la valoró.
Vanessa apartó esos amargos recuerdos de su mente.
Al escuchar eso, Vanessa sintió calidez.
—¿Y cómo fue que se le ocurrió hacerme un estudio de la nada? —preguntó, con una sonrisa que delataba su inmensa alegría.
A decir verdad, ella siempre había sido muy relajada con su ritmo de escritura.
Por eso, el contrato que había firmado con Medios Vanguardia solo le exigía entregar tres guiones al año.
El asistente se quedó un poco sorprendido por la pregunta, pero respondió con naturalidad:
—El señor siempre está muy al pendiente de usted.
Hace poco notó que pasaba horas escribiendo en la mesa de la sala de estar, en la planta baja. Imagino que no le gustó verla trabajar tan incómoda, así que mandó a preparar este espacio exclusivo para usted.
Vanessa se quedó sin palabras.
Al verla tan confundida, el asistente la miró con curiosidad. Para él, era obvio que ella ya se habría dado cuenta de los sentimientos de su jefe.
Lo pensó por un segundo y decidió darle un pequeño empujón.
—Señora, un hombre solo es tan detallista y atento con la mujer que ama de verdad —señaló de manera intencionada—. Él se preocupa por cada aspecto de su vida. Fíjese que, incluso la última vez, voló hasta la capital solo para...

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