Capítulo 167 Pero él rechazó la llamada. Colgó y se preparó para continuar.
Vanessa recuperó gran parte de la cordura, respiró hondo un par de veces y se apresuró a empujarlo.
Rafael arrugó la frente.
—¿Qué pasa? —preguntó él con la voz quebrada.
Antes de que Vanessa pudiera responder, el celular volvió a sonar. Quienquiera que estuviera llamando parecía tener mucha prisa y arruinó el momento.
La presión sobre el cuerpo de Vanessa desapareció.
Rafael se sentó en la cama para contestar, con un gesto que delataba su enorme esfuerzo por contener el enojo.
—Más te vale que sea una emergencia en serio — advirtió.
Al percibir la molestia a través de la línea, Ricardo se llevó un susto; ¿por qué el jefe estaba tan enojado?
Se apresuró a hablar con tono de urgencia.
—Señor, creo que Alexis los vio a usted y a su esposa hoy en el cementerio —informó.
Rafael agudizó la mirada.
—¿Estás seguro? —preguntó.
—Seguro —respondió el asistente—. El chofer mencionó haber visto el auto de Alexis, así que revisé las cámaras de seguridad del vehículo. Las grabaciones confirman que su auto estaba estacionado cerca.
Ricardo también se había tomado la molestia de revisar las cámaras de seguridad de los alrededores del cementerio, y el resultado había sido el mismo.
Como sabía que el jefe y su esposa mantenían su matrimonio en secreto, se apresuró a llamarlo en cuanto se enteró de la situación.
Al escuchar esto, cualquier rastro de deseo desapareció de la cara de Rafael.
—Asegúrate de que no se filtre nada —ordenó con firmeza.
Cortó la llamada con un movimiento rápido y su expresión volvió a suavizarse.
—¿Escuchaste todo? —le preguntó a Vanessa.
Sí, lo había escuchado.
La habitación estaba tan silenciosa que, aunque no había puesto el altavoz, la voz se había filtrado por la bocina del celular.
Ella lo había oído a la perfección, así que asintió con sinceridad.
—Sí, lo escuché todo —confirmó.
Alexis probablemente fue a buscarla al ver que no contestaba el celular.
Era el colmo de la ironía.
En el pasado, le había rogado infinidad de veces que la acompañara, pero él siempre se negaba poniendo mil excusas.
Y ahora, se aparecía sin que nadie lo invitara.
Rafael la miró con atención y le acarició la cabeza para tranquilizarla.
—No te preocupes, no se va a enterar de nada —le aseguró.
Vanessa emitió un ligero sonido de desprecio.
—Aunque lo supiera, no le tengo miedo — respondió.
Aunque, pensándolo bien, esa sensación de inquietud que había experimentado antes no le había desagradado del todo.
Sin embargo, la idea de que Alexis los hubiera visto en el cementerio volvió a preocuparla.
Conociendo su forma de ser, seguro que investigaría hasta el fondo del asunto.
Era imposible predecir qué locura se le ocurriría hacer.
Visto así, haberse casado en el registro civil con Rafael solo por despecho había sido una decisión demasiado impulsiva.
Quién sabe si él se estaría arrepintiendo de haberse casado con ella.
*** Durante los siguientes días, Vanessa recibió un sinfín de llamadas de números desconocidos en su celular.
No contestó ninguna.
Era más que obvio que todas eran de Alexis.
Un día, la llamaron de la empresa para una reunión y Vanessa acudió sin falta.
Durante la junta, el director Quiroz anunció que la serie basada en su guion se estrenaría en tres días, y exigió que todo el equipo de producción se conectara puntualmente para verla.
Además, le indicó a Vanessa que, si los números de audiencia eran buenos, tendrían que aprovechar la popularidad para lanzar el siguiente proyecto.
Después de afinar algunos otros detalles, la reunión concluyó en menos de una hora.
Como aún era temprano, Vanessa tomó su auto y se dirigió a la residencia de los León.
Apenas cruzó la puerta, Ramiro la recibió con una cálida sonrisa.
—Qué bueno que está en casa, señorita —le dijo con entusiasmo—. El abuelo ha estado preguntando por usted estos últimos días.

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