Capítulo 194 Vanessa hizo una mueca de dolor y lo miró con cierto reproche, pero asintió dócilmente y se terminó todo el té de manzanilla.
Cuando terminó, él recogió la taza.
—Duerme temprano. En estos días necesitas descansar más.
—Qué experiencia tienes cuidando a la gente.
El comentario de Vanessa tenía doble intención, y si uno lo escuchaba con cuidado, había algo ácido en él.
Rafael la miró fijamente con esos ojos oscuros y profundos, y curvó los labios en una sonrisa a medias.
—Toda esa experiencia la puedo usar contigo.
Puedo cuidarte bien.
Los ojos de Vanessa se abrieron poco a poco.
Luego lo escuchó agregar:
—Garantizado para dejar satisfecha a la señorita.
Vanessa sabía que la estaba molestando otra vez.
Tratándola como a una niña.
Pero después de tomar el té, sentía todo el cuerpo cálido, y la consideración de Rafael le dejaba una sensación nueva.
Este matrimonio, tan tranquilo y acogedor, en verdad se sentía como un hogar.
Hacía mucho tiempo... que no experimentaba eso.
***
El diez del mes se celebraba un congreso de vehículos eléctricos que tenía a todos en vilo. La sede era la Torre Internacional JAR, en el centro de Cartaluz. Los grandes del sector llegaron en masa y la ciudad entera se sacudió. Los noticieros lo cubrieron sin parar y todos los reflectores apuntaban al ingeniero Leandro Palma, recién llegado del extranjero.
En el estudio, Vanessa estaba frente a la computadora viendo la transmisión en vivo mientras tomaba el celular y cambiaba de sistema.
Una notificación apareció en pantalla.
señor Palma: "¿Ya decidiste la hora exacta para vernos?" El mensaje llevaba una hora sin respuesta.
VL: "En el banquete de esta noche. Ahí estaré".
Después de enviarlo, Vanessa salió del sistema.
Abrió su celular y entró al chat de Rafael.
Diez minutos antes, Rafael le había preguntado si quería ir juntos al banquete esa noche, y ella todavía no había respondido. Sin pensarlo más, le escribió:
—Además, lo que se rumoró entre ti y Rafael también le perjudica a Alexis. Deberías hacerte responsable de su reputación.
Antes, Vanessa siempre había pensado que Yolanda era una mujer distinguida y de buen trato, amable y considerada con ella.
Esta vez no salía de su asombro. Aunque, al mismo tiempo, ya le parecía demasiado normal. Al final, la gente siempre actúa por conveniencia.
—Me temo que no puedo hacer nada.
Vanessa habló con firmeza, sin someterse ni alterarse:
—Esto es un asunto de los Cisneros. ¿Quién soy yo para meterme?
—Yolanda, me sobreestima. Si no hay nada más, le cuelgo.
—Tú...
Sin darle a Yolanda casi ninguna oportunidad de responder, Vanessa colgó.
Pero apenas cortó la llamada, Yolanda volvió a marcar. Vanessa lo vio en pantalla y no contestó.
Al poco rato, le llegaron mensajes:
"¡No olvides que le debes la vida a Alexis!" "¡Si no fuera por él, Ilevarías diez años muerta, reunida con tus difuntos padres!" Solo de leer esas palabras, Vanessa sintió que le ardían los ojos.

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