A diferencia de todas las veces anteriores, esta vez Vanessa lo dijo con total seriedad, sin rastro de mentira.
Al principio, Alexis pensó que apenas estaban conociéndose. ¿Cuánto tiempo había pasado? No llegaban ni a tres meses, y resulta que ya se habían casado. No, no lo creía.
Vanessa arrugó la frente y lo miró con impaciencia. Antes de que pudiera decir nada, Fernanda, que estaba por subirse al auto, los vio y corrió a interponerse frente a ella.
—¿Qué pretendes ahora? ¿Vas a seguir molestando a Vanessa?
—¡Quítate! —gritó Alexis, rojo de furia.
Fernanda se estremeció, pero aun así no se movió de su lugar.
Vanessa se quedó inmóvil un instante, conmovida.
Alexis empujó a Fernanda y sujetó a Vanessa por los hombros con fuerza, fuera de sí.
—¡Dime que no es cierto! ¡No se casaron, ¿verdad?!
Vanessa forcejeó sin lograr soltarse. El enojo le subió; levantó el pie y le pisó el empeine con todas sus fuerzas. Enseguida lanzó otra patada, esta vez directo a un punto vital.
Alexis se dobló de dolor con la cara encendida.
—Te lo dije un millón de veces y no quisiste creerme —dijo Vanessa con frialdad—. Alexis, me engañaste diez años. Todavía no te paso la factura por eso, así que ¿con qué derecho vienes a reclamarme?
Sin mirarlo otra vez, tomó a Fernanda del brazo y se fue.
Alexis apenas podía mantenerse en pie; no le salían las palabras. Quiso ir tras ella, pero no le quedaban fuerzas. La furia lo estaba matando.
¡Maldición! ¿Cómo era posible que volviera a ser tan explosiva como antes?
***
Ya en el auto, Fernanda seguía con el corazón acelerado.
—Vanessa, ¿ese tipo no deja de acosarte? Deberías denunciarlo.
Ella lo había pensado, pero por la relación entre ambas familias no podía hacerlo.
—No pasa nada, no te preocupes. —Le dio unas palmaditas en la mano.
Vanessa se bajó en la sucursal del Grupo León y se despidió de Fernanda. En ese momento entró la llamada de Rafael. Al escuchar el viento del otro lado, se extrañó.
—¿Estás afuera?
—Sí, vine a ver a mi tío —respondió Vanessa mientras caminaba hacia la entrada del edificio.
—Bien. Cuando termines, avísame y paso por ti —dijo Rafael con voz suave, sin hacer más preguntas.
A Vanessa no le pareció mal. Respondió en voz baja:

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