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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 393

Capítulo 393

Una sonrisa asomó en los labios de Rodrigo.

-¿Qué pasa, señorita León? ¿Tanto miedo me tiene?

Vanessa respondió con sequedad:

-Para nada. Tomaremos un taxi por nuestra cuenta.

Daniel lo miró con recelo. Rodrigo no le caía nada bien, y menos ahora que el Grupo León y el Grupo Firax eran socios, lo que los convertía en rivales directos del Corporativo Zarza. Adermás de eso, le había oído a Roberto que, tiempo atrás, el Grupo León y el Corporativo Zarza habían trabajado juntos una vez y el asunto había terminado muy mal.

Desde entonces, ambas familias no habían vuelto a colaborar.

-Entonces hablemos de la indemnización.

Rodrigo señaló con la cabeza hacia el lugar del accidente-. O bien, podemos conversar sobre cómo piensa agradecérmelo. Elija.

En Cartaluz, el tráfico de la hora pico era terrible.

Vanessa titubeó unos segundos y subió al auto.

Daniel se sentó en el asiento del copiloto.

-Señor Zárate, ¿usted cree en supersticiones? - preguntó Vanessa de pronto, apenas estuvo adentro.

Rodrigo arqueó una ceja, sorprendido.

-Oh, ¿a qué viene esa pregunta tan repentina, señorita León?

Diego, su asistente, que iba al volante, aguzó el oído con curiosidad de chismoso. Daniel le lanzó una mirada de reproche, como diciéndole: concéntrate en manejar.

Vanessa dijo con toda seriedad:

-Usted es mi mala suerte. De ahora en adelante debería mantenerse lejos de mí.

Daniel no pudo contenerse y se rio. Diego, en cambio, no se atrevió; apretó los labios con tal fuerza que hasta le dolieron las mejillas del esfuerzo.

Rodrigo torció la boca y alzó las cejas sin inmutarse.

-Muy bien, mientras no sea usted mala suerte para mí, todo en orden.

¿Qué clase de razonamiento era ese? Era obvio que le estaba diciendo, con todas sus letras, que mantuviera distancia de ella en el futuro. Camila ya le había arruinado las cosas en más de una ocasión, y lo último que quería era tener trato cercano con el hermano de su rival.

-Por cierto, felicidades, señorita León, por haber asumido oficialmente la dirección del Grupo León -dijo Rodrigo de repente.

En el mundo de los negocios no existían los secretos. Que una empresa quebrara, que allá otra estuviera envuelta en luchas internas, nada de eso escapaba a los oídos correctos. Así que él también estaba al tanto del aprieto en que se encontraba el Grupo León.

-Jefe, ¿ya conocía usted a la señorita León de antes?

Rodrigo le lanzó una mirada, pero no dijo más.

-Maneja.

Cuando el auto arrancó, una figura distinguida permanecía sentada en el lujoso sedán negro que los había venido siguiendo y que ahora estaba detenido al costado de la calle. Sus ojos eran profundamente oscuros, y su mirada estaba fija en dirección al edificio del Grupo León. Solo cuando la silueta de Vanessa desapareció dentro del edificio, su respiración se volvió aún más densa. Elaire en el interior parecía haberse congelado y el espacio se sentía asfixiante.

Ricardo no se atrevía ni a respirar. Hacía un momento, Vanessa y Rodrigo parecían tener una relación estrecha. Calculaba que, a estas alturas, Rafael debía estar a punto de estallar por la furia. Ni siquiera sabía si debía arrancar o quedarse quieto.

Tras unos segundos, Rafael apretó el puño y por fin ordenó en voz baja:

-Da vuelta a la oficina.

Ricardo, como si lo hubieran indultado, arrancó el auto.

Vanessa fue directo a la oficina principal y, después

de pensarlo un momento, le encargó a Daniel:

-Búscame toda la información que encuentres sobre aquella asociación que mi padre tuvo con el Corporativo Halcón.

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